Una luz de significado en la oscuridad del mero existir.

"As far as we can discern, the sole purpose of human existence is to kindle a light of meaning in the darkness of mere being." - C.G. Jung

viernes, 21 de octubre de 2011

Catálogo de deseos

Añoro tener de frente a quien amo
para recordar aquello a lo que no me atreví.
Ansioso estoy de ver a quien odio,
estaría cara a cara ante mí.
Sería apropiado conocer al anticristo,
así me convenceré de lo que no quiero ser.
Beneficioso sería encontrarme a Cristo,
cuenta me daría de lo que no seré.
Quisiera ser el latido de un corazón enamorado
para sentir ese ritmo aunque sea una vez.
Sería iluminador ser un corazón amargado,
hogar resistente que hace mucho forjé.
Me interesaría ser una página de internet
para visitar rincones del mundo que no he conocido.
Consolador sería ser un interceptor de llamadas,
esa voz no abandonaría mi oído.
Podría ayudar siendo cierto tipo de pastilla,
en auxilio para los que padecen de dolor.
Quisiera convertirme en una lágrima de alegría,
compararla con las que he derramado yo.

Todo aquel que en la cobardía enmudece
se condena a desear en silencio eternamente.

Posible salto para la humanidad

Se apodera de mi atención
un luminoso relámpago
que detona cierta curiosidad.
En la zona de impacto
una falla mental
agrieta el suelo de la necesidad.
Me paro justo al borde
lleno de desaire
ya que no puedo cruzar.
El fondo no dejo de mirar.

Un abismo de inseguridad,
precipicio que reta mis pies
y estoy indeciso,
pero veo al otro lado
y allí tú estás.

La grieta se expande
y me convenzo a mí mismo
que es algo imposible de lograr.
Pero hay algo misterioso,
una voz, una sombra, una gracia,
que me invita a volverlo a intentar.
Pero al fondo no dejo de mirar.

Un abismo de inseguridad,
precipicio que insulta a mis pies
y estoy indeciso,
miro al fondo y no me decido
si he de brincar o no.

Planto mi presencia
conquistando ese imposible,
pero es sólo cuando lo imagino.
Aún continúo en el extremo
que me sostiene en dependencia,
es el único terreno que he conocido.
Conmigo o sin mí,
y a pesar del negativo convencimiento,
levanto un pie en el aire
con mi pecho en mano y al fondo no viendo.

Especialmente imperfectos

Tú, divinidad foránea que al parecer
arrivaste a una tierra profana
por razones que Dios sacó de su baraja,
¿para aprender qué?

Yo, niño asustado y escondido,
salgo a la intemperie por un llamado,
veo la estrella polar que se va alejando
y la sigo, ¿para aprender qué?

Sin duda hay un plan perfecto,
el Creador sabrá lo que hace;
a pesar de caos constante
todo tiene su razón de ser.

Tú, en solitario aislamiento
construyes barreras para las emociones
que temes en estas circunstancias te traicionen,
aprendes que de nadie hay que depender.
Yo, tan inseguro como sincero
me cruzo por tu paso sin estar preparado
para ser la presencia adecuada a tu lado,
aprendo que el amor me mantiene de pie.

En este orden somos piezas
que en la obra del Padre se complementan,
y en nuestra fusión aprenderemos
que somos especialmente imperfectos.

Tú, iluminada con residuos de ego.
Yo, esclavizado con un fuego interno.
Tú, con tus fortalezas en lo frágil de tus sentimientos.
Yo. tan cerca de tí y aún tan lejos.
Eres mi Trinidad, de rodillas te brindo mi respeto.

En esta mesa somos piezas
que en el gran juego se interceptan,
y sabremos ganando o perdiendo
que somos perfectamente imperfectos.

En mi despertar

No dejo de pensar por lo tanto existo
con la esperanza disfrazada
de que todo mejorará al fin.

Siempre camino por la acera
con la angustiante poca certeza
en la cual se confunde mi corazón.

De un lado a otro voy paseando
atento a lo inesperado,
cualquier motivo para sonreir.

Pero por dentro estoy tan cansado
ya que mi vida se va alejando
y la soledad se apoderará de mí.

Todo se presenta de modo insistente
acumulándose en mi mente
dejando poco espacio para la piedad.

Y seguiré esperando entre alucinaciones
abriendo los ojos con las pretensiones
de sentirme vivo en mi despertar.

Sus labios

Son alegría edificada,
de amistad y piedad son ejemplos,
voluntad de Dios expresada.
No le niegan una sonrisa
a quien se la pidiera,
quieren alentar sólo amor
al prójimo que tanto le hace falta.

Incapaces de ofensas particulares,
estandarte que se caracteriza
por dar al dolor una pausa.
Lucen en todos lados
pacientes y sin luto,
motivan la inmediata limpieza
del corazón y del alma.

Siempre aparecen
en el momento más oportuno,
cuando de miedo yo sufro,
su risa la vida me salva.

Yo besé esos labios.

martes, 13 de septiembre de 2011

Credo

                                                  Mi credo

    Depende de cada cual revitalizar la dignidad agonizante. Incluso la muerte no puede ven-
cer a aquellos que mantuvieron o rescataron su dignidad, ya que la eternidad es su recompensa.
Los dignos parten de la esfera de los vivos con calma, sabiendo que hicieron todo lo que estuvo
a su alcance para ganar lo que tenían que ganar y no perder aquello que estaba en riesgo de
perderse. Parten con calma aunque su muerte sea por una violencia producto de una ira incon-
ciente. Su última respiración dura una eternidad... la inmortalidad que todos anhelan. Las obras
terrenales de esos seres se posan frente a los chacales quienes se ríen en su impotente igno-
rancia. Ríen porque saben que no pudieron hacer nada ante la dignidad de fines y medios de los
ahora inmortales. Esos que no sobrevivieron a la bala, sobrevivieron al odio que las disparó. Y
al igual que Judas, quien cumplió con lo que se le tenía predeterminado, los inmortales cum-
plieron con su labor de mártires. Hay una verdad desgraciada, la humanidad necesita de tra-
gedias constantemente para recordar lo que con tanta facilidad se olvida.
    Para bien o para mal, las tragedias ajenas mueven las pasiones de los hombres. Las
tragedias constantes que son descritas en los libros de historia, y que ahora son imágenes digi-
tales a color y ondas de radio AM/FM, disminuyen las sensibilidades de los hombres comunes
que ven los sucesos de nuestra trivialidad repetirse año tras año. Las pasiones inspiradas en
estos hombres y mujeres son de resignación, tristeza e indignación, y se recrudecen ante los
males causados por la naturaleza y los provocados por el mismo hombre. Hay hombres que
caminan más pendientes de no tropezar con otros caminantes que en dar los pasos correctos
para completar la ruta trazada. Son hombres y mujeres de una rutina muy sencilla, mirar lo
que hace él otro y no mover un dedo ni gastar una neurona. Yo soy uno de esos inamovibles
y el que lee esto lo más probable es que también lo sea aunque no lo quiera aceptar. Pero
hay otra clase de personas a los que también sus pasiones afloran debido a las tragedias
ajenas. Sus pasiones no sólo se mueven, estas despiertan, gritan, flamean, se expanden, se
indignan, se llenan de ira, llegan a pecar en el pensamiento si es necesario. Y a diferencia
de nosotros los mortales de la cotidianidad, estos seres casi divinos y de estirpe mitológica,
no dejan su indignación en mero sentimiento... la pintan en el lienzo de la calle.
    Estos avatares son enviados por el espíritu universal que todo lo crea y todo lo une,
tanto para el bien como el mal, para recordarnos lo que en verdad nos pertenece. No nos
pertenecen las tierras, los mares o los cielos. No nos pertenecen la fauna ni la flora. No nos
pertenecen las fronteras, las naciones ni las sociedades. No nos pertenecen el pasado,
el presente ni el futuro. Y mucho menos nos pertenecen los hombres y sus almas.
 Hay quienes venden su alma, su identidad y sudignidad para dominar y ser superiores a otros.
Lo que no saben es que nada de eso pueden vender porque nunca les perteneció. Y aquellos
santos, encarnación del espíritu de la vida, nos vienen a recordar que lo único que sí es nuestro
son los sentimientos y las acciones. No más, no menos. Obviamente, el mensaje no se
ha quedado grabado en la conciencia colectiva del Homo Brutus -que no- Sapiens Sapiens,
también conocido como el Homo Satanus. Los grandes avatares, desde Buda al Chico Méndez,
han venido una y otra vez sin haber sido apreciados como se lo merecían. Se dice que nadie
es profeta en su tierra. Al final fueron mártires del mundo entero.
    Esto sobrepasa las religiones, ideologías que dicen saber lo que quiere eso que
llamamos Dios. En el siglo XX vimos tres ejemplos que hablaron por sí solos: un hindú llama-
do Gandhi; un musulmán llamado Malcolm X; y un cristiano llamado Martin Luther King, Jr.
Si Jesús fue el verbo hecho carne, entonces, Gandhi fue el verbo de la humildad; Malcolm
fue el verbo del respeto; y Martin el verbo de la esperanza. El judío, el hindú, el musulmán
y el cristiano, vivieron en contextos históricos diferentes, pero murieron por lo mismo.
Murieron por promover el evangelio de la verdadera religión de Dios... el respeto por la raza
humana. En esta religión no hay cristianos, no hay hindúes, no hay judíos, no hay musul-
mánes, no hay budistas, no hay ateos, no hay espiritístas, no hay santeros, no hay satá-
nicos, no hay agnósticos, no hay anarquistas. Por esta religión no habrán cruzadas, no ha-
brán inquisiciones, no habrán herejías, ni papado, ni guerras por supuestas tierras santas,
ni venta de indulgencias, ni salvaciones que se paguen con el diez por ciento de la vida.
Ni siquiera existe un cielo o un infierno, mucho menos un purgatorio. No hay tronos ni
tridentes; no hay ángeles caídos ni discípulos a quien echarles la culpa; no hay camino
óctuple ni división por castas. No hay una Meca ni una Nueva Jerusalem. Sólo hay seres
humanos concientes de su existencia, de sus dudas, de sus sueños y pesadillas, que no
tienen más remedio que vivir en sociedad. El único conocimiento que da el árbol de la
ciencia es que la hermandad es el santo grial... es la fuerza que podrá mantener a los
pueblos unidos si son capaces de dejar a un lado sus inservibles peleas políticas e ideoló-
gicas. Y no hay árbol de la vida que proteger ya que el hombre obtiene su eternidad en la me-
moria de los demás. Esa es la religión de los avatares que murieron por medio de clavos
o balas. Esa es mi religión, y no la aprendí en la iglesia, siempre la he llevado conmigo.
    La iglesia es más que un templo o un altar de adoración. La verdadera iglesia, el
verdadero templo es uno mismo, y Dios es todo lo que nos rodea. Pero hace falta vivir para
aprender la palabra. La fe no llega al oir cuentos manipuladores, llega por la experiencia
de lo vivido. Porque viviendo es que uno se da cuenta si en verdad se busca a Dios con
sinceridad. El único catecismo que existe para aprender el evangelio es el que se vive todos
los días. Las lecciones se componen de cada malrato, felicidad, sufrimiento, triunfo, todo eso
y más es parte del catecismo.
    ¿Una persona perseguida, discriminada, maltratada o ignorada puede creer todavía
en el amor? De la misma manera me pregunto: ¿Una humanidad brutalizada, conquistada,
colonizada, exterminada, crucificada, capitalizada, martirizada, segregada, estereotipada,
abandonada, puede creer todavía en el amor? Quizás es la única alternativa que nos queda.
Como todavía no tenemos internalizada la idea de la hermandad como respuesta, es la
esperanza en el amor lo único que nos mantiene en pie. Esa esperanza es lo que nos queda
porque ni la fe en la religión más grande es suficiente ya para apaciguar el dolor y la incer-
tidumbre. Tenemos a Jesús, Malcolm X, Che Guevara, Chico Méndez, Pedro Albizu Campos,
José Martí, Eugenio María de Hostos, Martin Luther King, Jr., Mahatma Gandhi, Madre Teresa...
y estamos nosotros. Todos tenemos el potencial de alcanzar ese nivel de existencia. Mientras
tanto, nosotros somos los vivos y ellos los muertos, pero, ¿quién queda con vida realmente?
Las verdaderas buenas nuevas, el evangelio que se nos ha ocultado es el que dice que las
personas que mantienen su integridad por encima de todo encuentran la vida eterna en la
memoria de los vivos.

Un fruto de la tierra

Hay semillas en la tierra
que no logran decidir
si brotar o marchitarse
ya que perciben sombras siniestras
que ocultan al sol protector
que alimenta al valle de Borikén.

Mi determinación fue por brotar
para que mis tallos atestiguaran
lo bello del lugar de mi antecedencia,
donde mis raíces han de prevalecer.
Pero hay lluvia fuerte que se acerca,
nubes de incertidumbre a la luz encarcelan,
y si hay agua más de la suficiente
y no hay energía de ese sol
corre peligro nuestra plantación
de crecer enferma
o de caer en descomposición.
Aún así, mi semilla germinó.

Eres la joya del mar,
de la constelación la estrella de más brillo.
Te llaman preciosa, tierra de encanto,
la esmeralda del ombligo global.
Pero algo anda mal,
por tus caminos mis pies tropiezan,
tu actualidad sin aliento me deja,
y me perturbo al observar a tus hijos,
los pudientes que de tí se adueñan,
los pobres que en el vacío quedan,
los de en medio que callan por indiferencia.
Entre todos ellos estoy yo.

Lo que fue creado paisaje verde
a sido cambiado a cemento sin vida
que va cubriendo al tiempo
la madre que pare a generaciones
que glorificarán o corromperán,
según lo que su condicionamiento les dicte.
Miro hacia atrás
y veo las idioteces de entonces,
las mismas escenas de hoy.
Sobre tí llueven sin escampar
ideologías y pretensiones
como un torrente de divisiones
que a nadie permite a campo abierto salir.
Decido descansar mis pies,
el viento fresco a mis hojas le viene bien
mientras contemplo un paisaje
que me obliga a confezarte
que a pesar de las sombras
te juro que de tu tierra
nacería una y otra vez.