Una luz de significado en la oscuridad del mero existir.

"As far as we can discern, the sole purpose of human existence is to kindle a light of meaning in the darkness of mere being." - C.G. Jung

martes, 13 de septiembre de 2011

Credo

                                                  Mi credo

    Depende de cada cual revitalizar la dignidad agonizante. Incluso la muerte no puede ven-
cer a aquellos que mantuvieron o rescataron su dignidad, ya que la eternidad es su recompensa.
Los dignos parten de la esfera de los vivos con calma, sabiendo que hicieron todo lo que estuvo
a su alcance para ganar lo que tenían que ganar y no perder aquello que estaba en riesgo de
perderse. Parten con calma aunque su muerte sea por una violencia producto de una ira incon-
ciente. Su última respiración dura una eternidad... la inmortalidad que todos anhelan. Las obras
terrenales de esos seres se posan frente a los chacales quienes se ríen en su impotente igno-
rancia. Ríen porque saben que no pudieron hacer nada ante la dignidad de fines y medios de los
ahora inmortales. Esos que no sobrevivieron a la bala, sobrevivieron al odio que las disparó. Y
al igual que Judas, quien cumplió con lo que se le tenía predeterminado, los inmortales cum-
plieron con su labor de mártires. Hay una verdad desgraciada, la humanidad necesita de tra-
gedias constantemente para recordar lo que con tanta facilidad se olvida.
    Para bien o para mal, las tragedias ajenas mueven las pasiones de los hombres. Las
tragedias constantes que son descritas en los libros de historia, y que ahora son imágenes digi-
tales a color y ondas de radio AM/FM, disminuyen las sensibilidades de los hombres comunes
que ven los sucesos de nuestra trivialidad repetirse año tras año. Las pasiones inspiradas en
estos hombres y mujeres son de resignación, tristeza e indignación, y se recrudecen ante los
males causados por la naturaleza y los provocados por el mismo hombre. Hay hombres que
caminan más pendientes de no tropezar con otros caminantes que en dar los pasos correctos
para completar la ruta trazada. Son hombres y mujeres de una rutina muy sencilla, mirar lo
que hace él otro y no mover un dedo ni gastar una neurona. Yo soy uno de esos inamovibles
y el que lee esto lo más probable es que también lo sea aunque no lo quiera aceptar. Pero
hay otra clase de personas a los que también sus pasiones afloran debido a las tragedias
ajenas. Sus pasiones no sólo se mueven, estas despiertan, gritan, flamean, se expanden, se
indignan, se llenan de ira, llegan a pecar en el pensamiento si es necesario. Y a diferencia
de nosotros los mortales de la cotidianidad, estos seres casi divinos y de estirpe mitológica,
no dejan su indignación en mero sentimiento... la pintan en el lienzo de la calle.
    Estos avatares son enviados por el espíritu universal que todo lo crea y todo lo une,
tanto para el bien como el mal, para recordarnos lo que en verdad nos pertenece. No nos
pertenecen las tierras, los mares o los cielos. No nos pertenecen la fauna ni la flora. No nos
pertenecen las fronteras, las naciones ni las sociedades. No nos pertenecen el pasado,
el presente ni el futuro. Y mucho menos nos pertenecen los hombres y sus almas.
 Hay quienes venden su alma, su identidad y sudignidad para dominar y ser superiores a otros.
Lo que no saben es que nada de eso pueden vender porque nunca les perteneció. Y aquellos
santos, encarnación del espíritu de la vida, nos vienen a recordar que lo único que sí es nuestro
son los sentimientos y las acciones. No más, no menos. Obviamente, el mensaje no se
ha quedado grabado en la conciencia colectiva del Homo Brutus -que no- Sapiens Sapiens,
también conocido como el Homo Satanus. Los grandes avatares, desde Buda al Chico Méndez,
han venido una y otra vez sin haber sido apreciados como se lo merecían. Se dice que nadie
es profeta en su tierra. Al final fueron mártires del mundo entero.
    Esto sobrepasa las religiones, ideologías que dicen saber lo que quiere eso que
llamamos Dios. En el siglo XX vimos tres ejemplos que hablaron por sí solos: un hindú llama-
do Gandhi; un musulmán llamado Malcolm X; y un cristiano llamado Martin Luther King, Jr.
Si Jesús fue el verbo hecho carne, entonces, Gandhi fue el verbo de la humildad; Malcolm
fue el verbo del respeto; y Martin el verbo de la esperanza. El judío, el hindú, el musulmán
y el cristiano, vivieron en contextos históricos diferentes, pero murieron por lo mismo.
Murieron por promover el evangelio de la verdadera religión de Dios... el respeto por la raza
humana. En esta religión no hay cristianos, no hay hindúes, no hay judíos, no hay musul-
mánes, no hay budistas, no hay ateos, no hay espiritístas, no hay santeros, no hay satá-
nicos, no hay agnósticos, no hay anarquistas. Por esta religión no habrán cruzadas, no ha-
brán inquisiciones, no habrán herejías, ni papado, ni guerras por supuestas tierras santas,
ni venta de indulgencias, ni salvaciones que se paguen con el diez por ciento de la vida.
Ni siquiera existe un cielo o un infierno, mucho menos un purgatorio. No hay tronos ni
tridentes; no hay ángeles caídos ni discípulos a quien echarles la culpa; no hay camino
óctuple ni división por castas. No hay una Meca ni una Nueva Jerusalem. Sólo hay seres
humanos concientes de su existencia, de sus dudas, de sus sueños y pesadillas, que no
tienen más remedio que vivir en sociedad. El único conocimiento que da el árbol de la
ciencia es que la hermandad es el santo grial... es la fuerza que podrá mantener a los
pueblos unidos si son capaces de dejar a un lado sus inservibles peleas políticas e ideoló-
gicas. Y no hay árbol de la vida que proteger ya que el hombre obtiene su eternidad en la me-
moria de los demás. Esa es la religión de los avatares que murieron por medio de clavos
o balas. Esa es mi religión, y no la aprendí en la iglesia, siempre la he llevado conmigo.
    La iglesia es más que un templo o un altar de adoración. La verdadera iglesia, el
verdadero templo es uno mismo, y Dios es todo lo que nos rodea. Pero hace falta vivir para
aprender la palabra. La fe no llega al oir cuentos manipuladores, llega por la experiencia
de lo vivido. Porque viviendo es que uno se da cuenta si en verdad se busca a Dios con
sinceridad. El único catecismo que existe para aprender el evangelio es el que se vive todos
los días. Las lecciones se componen de cada malrato, felicidad, sufrimiento, triunfo, todo eso
y más es parte del catecismo.
    ¿Una persona perseguida, discriminada, maltratada o ignorada puede creer todavía
en el amor? De la misma manera me pregunto: ¿Una humanidad brutalizada, conquistada,
colonizada, exterminada, crucificada, capitalizada, martirizada, segregada, estereotipada,
abandonada, puede creer todavía en el amor? Quizás es la única alternativa que nos queda.
Como todavía no tenemos internalizada la idea de la hermandad como respuesta, es la
esperanza en el amor lo único que nos mantiene en pie. Esa esperanza es lo que nos queda
porque ni la fe en la religión más grande es suficiente ya para apaciguar el dolor y la incer-
tidumbre. Tenemos a Jesús, Malcolm X, Che Guevara, Chico Méndez, Pedro Albizu Campos,
José Martí, Eugenio María de Hostos, Martin Luther King, Jr., Mahatma Gandhi, Madre Teresa...
y estamos nosotros. Todos tenemos el potencial de alcanzar ese nivel de existencia. Mientras
tanto, nosotros somos los vivos y ellos los muertos, pero, ¿quién queda con vida realmente?
Las verdaderas buenas nuevas, el evangelio que se nos ha ocultado es el que dice que las
personas que mantienen su integridad por encima de todo encuentran la vida eterna en la
memoria de los vivos.

Un fruto de la tierra

Hay semillas en la tierra
que no logran decidir
si brotar o marchitarse
ya que perciben sombras siniestras
que ocultan al sol protector
que alimenta al valle de Borikén.

Mi determinación fue por brotar
para que mis tallos atestiguaran
lo bello del lugar de mi antecedencia,
donde mis raíces han de prevalecer.
Pero hay lluvia fuerte que se acerca,
nubes de incertidumbre a la luz encarcelan,
y si hay agua más de la suficiente
y no hay energía de ese sol
corre peligro nuestra plantación
de crecer enferma
o de caer en descomposición.
Aún así, mi semilla germinó.

Eres la joya del mar,
de la constelación la estrella de más brillo.
Te llaman preciosa, tierra de encanto,
la esmeralda del ombligo global.
Pero algo anda mal,
por tus caminos mis pies tropiezan,
tu actualidad sin aliento me deja,
y me perturbo al observar a tus hijos,
los pudientes que de tí se adueñan,
los pobres que en el vacío quedan,
los de en medio que callan por indiferencia.
Entre todos ellos estoy yo.

Lo que fue creado paisaje verde
a sido cambiado a cemento sin vida
que va cubriendo al tiempo
la madre que pare a generaciones
que glorificarán o corromperán,
según lo que su condicionamiento les dicte.
Miro hacia atrás
y veo las idioteces de entonces,
las mismas escenas de hoy.
Sobre tí llueven sin escampar
ideologías y pretensiones
como un torrente de divisiones
que a nadie permite a campo abierto salir.
Decido descansar mis pies,
el viento fresco a mis hojas le viene bien
mientras contemplo un paisaje
que me obliga a confezarte
que a pesar de las sombras
te juro que de tu tierra
nacería una y otra vez.

Mientras aguardo mi destino

Aguardo mi destino con emoción y ansiedad,
tratando de escapar de la triste realidad.
Muchos hablan del día del juicio final,
quizás la oscuridad es lo que tenga que esperar.

Cuando pienso en Cristo en mis días de alegría,
mis problemas se esfuman por un par de días.
Pero la maldad del mundo mi calma aniquila,
si fuera por mí en una tumba reposaría.

La gente es materialista, eso es normal,
pero por la misma materia todos podrían matar.
Todos los días en las calles se vive aventura y acción,
al mismo tiempo huelo la sangre de un ladrón.

Este mundo está muy podrido,
en verdad no es el hogar que quiero para un hijo.
Pecado y confución es lo que tenemos ahora,
pero yo me encargaré de hacer lo que me toca.

Algunos piensan que el adulterio es una oportunidad
de disfrutar el sexo en su totalidad.
Cuando están en el clímax parecen estar en la gloria;
sexo, muerte, pecado. la misma vieja historia.

El hombre vive sólo para si mismo,
lo cual me enoja y hunde en un abismo.
La avaricia y la corrupción son parte del juego,
el que da las riquezas y la fama luego.

No existe ley divina que nos haga cambiar,
porque la maldad y la tentación siempre van a estar.
No importa que terminemos ardiendo en el infierno,
las carne es débil, la excusa del momento.

Las personas escuchan obviamente sin oir,
tras una lágrima invisible parecen huir.
Ya me harté de esta destrucción sin parar,
sólo aguardo mi destino para poderme liberar.

Arrepentimiento

 Al final indomable
de la última exhalación
no hay ateos ni ideas
en las trincheras del saber.
Lo programado se olvida
al toque de un botón,
ese que apaga
y no vuelve a encender.
Es cuando se pierde aliento
y un frío congelador
te deja en total vilo
aguardando si la creencia se deja ver.
Un día saliste de la trinchera
que te protegió,
expuesto a la bala viva
de calibre fe.
Y presencias un fuego cruzado
entre lo pagano y lo divino
que aterra mucho más
que inquisidor en apariencia de feligrés.
Y provocas una herida
en ese cruzado fuego
al buscar un reino inmenso
que te acepte sin creer.
Y hasta el útimo segundo
de tu humana contradicción
vas evadiendo pleitecías
por quién sabe qué.
Si Sartre tuvo el coraje
para sostener su motivación,
quiénes somos tú y yo
para a última hora retroceder.
Las décimas se agotan,
lo orgánico deja de ser
y sigues resistiendo
esas ganas innatas por pretender.
Sólo a instantes del comienzo
de la natural putrefacción
se recrudece el miedo,
la incertidumbre que no cesó de crecer.
Y no hay sapiencia
que distraiga toda la atención
de la defunción automática
que está por acontecer.
Y es así que toda antigua decisión
la recuerdas a la vez,
pidiendo que te arrepientas,
y la gran pregunta... ¿de qué?

Desde el monte

Soy más que un simple profeta
que se entrega a una multitud.
Soy más que un mensajero en profanas tierras.
Soy la respuesta que siempre haz buscado tú.
Han dicho que el tiempo se acerca,
urgen a todos mostrar arrepentimiento
por lo descrito en una visión.
Los oradores con carisma se animan,
a sus panfletos se aferran,
con donaciones se avivan,
institucionalizando la colectiva confusión.
Son repugnantes las discusiones sostenidas
que postulan una desvanecida compasión.
La intolerancia se transmuta en levadura,
las interpretaciones se añejan como el vino,
se nombra la trinidad en situación condicionada,
el Padre, el Hijo y la desesperación.
Cuatro paredes crean un convento,
hospitalillos de redención.
Allí se mastica el tabaco de la palabra,
se escupe toda mi enseñanza,
se traga toda la salvación.
Dime cuáles son tus intenciones
cuando te arrodillas frente al Señor...
¿le oras como receta?,
¿le oras por tristeza?
o ¿le oras por impuesta tradición?
¿Le ruegas porque algo te falta?,
¿le ruegas por penitencia
o por enajenada sumisión?
Le oras porque algo te amarga,
que se impone, que te enferma.
Ese algo te llama y te enrreda
con temor y muchas ideas.
Es posible que le ores por inconforme
después de un trago en la noche
con mi sangre embriagando tus reproches.
Y orando te quedas... sin fe, sin fuerza.
De rodillas lloras todas tus quejas,
repitiendo plegarias a medias
que retornan a ti en un eco decepcionado
recordándote que ese credo es tan falso
como tu amor por mí.
Sé que todas las naciones
arrastran sus religiones,
obligando a millones de almas
a humillaciones aceptar.
Sé que muchos han intentado
vivir según lo acordado,
pero han experimentado
una desilusión sin igual.
Por vida propia comprendo
esa sensación tan terrible
de estar sumido en soledad.
La vida es un sendero
con espacio muy estrecho
donde sólo uno puede caminar.
Bienaventurado el que entiende
que sentirse solo no es pecado,
la espera por ese amor ausente
te convierte en iluminado.
Bienaventurado el que piensa
que nada tiene que ser perfecto,
lo que vale es la excelencia
del esfuerzo demostrado.
Que sea bienaventurado
el que no acepta engaños
y hace reales sus sueños
con esperanzas, con sus manos.
Al lado tuyo tienes creencias
que te han obsesionado con un porvenir.
Obvias los valores que forman hombres
al pensar sólo en ti.
Confías en mis respuestas
aunque no haces caso a consejos.
Yo soy cimiento de la mente,
columna matriz.
Todo aquel que genuinamente busca
merece mis palabras oir.
Bendigo al incansable
lleno de deseos por andar
y al que tildan de loco
por no quererse conformar.
Soy reflejo de lo que puedes llegar a ser.
Muy desafortunado es que prefieras
enmascararte y languidecer.

Chispa de vida

¿Qué es aquello que ronda
por los destrozos de la guerra
y se niega a morir?
Amor, ¿de dónde viene?
¿Cuál es el origen de esa flama
que arde en todo corazón humano?
Sobrevive a la guerra...
Sobrevive a los genocidios...
Sobrevive a los prejuicios...
No hay nada que apague esa llama.
No hay nada que la conquiste.
Si el amor es la manifestación del bien,
el odio es la encarnación del mal.
¿Son ambos obras de la misma mente?
¿Son facciones del mismo rostro?
Y ahora, ¿dónde está esa chispa?
Si no estás...
si no te conozco en esta vida,
déjame sentir la carencia.
Soy un prisionero en mi mismo,
sólo tú puedes liberarme.

Nada es permanente

De todo lo que no podemos controlar
el tiempo es la fuerza más esencial;
corre indetenible como el más grande río
llevándose todo nuestro ser.

Como todos tengo que lidiar
con las limitaciones de ser mortal,
pero resulta fácil olvidar
lo frágil que es la vida.

Nada es permanente en el mundo.
Nada durará para siempre, incluso el mundo.
El tiempo es lo más cruel del mundo.
El tiempo es justo aunque cruel...

Un día somos apenas unos infantes,
niños con la capacidad de asombrarse.
Pero en un abrir y cerrar de ojos
la vida se nos fue...

Ni el amor más grande es eterno.
Ni la idea más loable es perpetua.
Ni la fe más genuina a la muerte supera.
¿Será Dios finito también?

Nada es permanente es la existencia.
Todo perece en la existencia.
Es la ley universal de la existencia.
Si no lo aceptamos todo va a doler.

De todo lo que no podemos controlar
el tiempo es la fuerza más esencial;
corre indetenible como el más grande río
llevándose todo nuestro ser.

De la nada

Un día más echado a perder
... en un rincón.
Amainado por lo trivial
... de mi ser.
Indeciso por cuál dirección tomar
... en mi porvenir.
Y sigo pecando por extrema inseguridad.

Y es de la nada
que comienzo a llorar,
lamentándome un mundo
por mi vida desperdiciar.
No hay nada que impida
el vacío frente a mí.
Sigo siendo esclavo
de un ayer desolado.

Agradecido debería estar
... por ser quien soy.
Pero hay un pesar que me impide ver
... lo afortunado que soy.
Y una vergüenza nubla mi dignidad
... y ya no sé
si merezco descanso al anochecer.

Y es de la nada
que comienzo a llorar,
lamentándome un mundo
por mi vida desperdiciar.
No hay nada que impida
el vacío frente a mí.
Sigo siendo esclavo
de un ayer desolado.

Y no hay creencia
que me convenza a creer
que en esta oscuridad
habrá un amanecer.
Y me podré arrepentir
de lo que no pude ser,
pero eso no me devolverá
el tiempo que ya se fue.
Y de la nada un rayo de sol
me despierta y calienta el alma,
y por un segundo pienso
que no todo está tan mal.