No hay...
Algo concreto en qué creer,
ningún poder al que rezar.
No hay...
Algo certero para distinguir
cuando hago bien o mal.
No hay...
Un filtro que procese ideas incoherentes,
una guía que estructure la locura de mi mente.
No hay...
Un sistema que organice el caos persistente,
una retórica que una a todos de modo convincente.
Sin nada en que sostenerme
desaprendo lo heredado en programación.
Tabula rasa en civilización decadente
para condicionarme y ser como los demás.
No hay libertad, todo es una ilusión.
La cultura y la tradición
son nuestra autómata subyugación.
No hay verdad, excepto el dolor.
El sufrimiento es lo que define
qué es deseo y qué realidad.
No hay...
Nada de sustancia en el orden establecido,
la burocracia sólo controla el disgusto oprimido.
No hay...
Nada de esencia en los discursos repetidos,
todo enfatizan menos la trecha entre pobres y ricos.
No hay...
Un plan elaborado para alcanzar un futuro positivo,
la tendencia es la misma, un planeta extinto.
No hay...
Una alternativa para lo que destruimos,
cuando llegue la carencia, ¿quién sobrevivirá el abismo?
Sin nada que me despierte
del perenne sueño colectivo.
Relativo será el espacio/tiempo,
pero la gravedad nos lleva al mismo sitio.
No hay libertad, todo es una ilusión.
La cultura y la tradición
es nuestra autómata subyugación.
No hay verdad, excepto el dolor.
El sufrimiento es lo que define
qué es deseo y qué realidad.
Una luz de significado en la oscuridad del mero existir.
"As far as we can discern, the sole purpose of human existence is to kindle a light of meaning in the darkness of mere being." - C.G. Jung
lunes, 20 de diciembre de 2010
martes, 14 de diciembre de 2010
El costo del aire.
Respiro y exhalo con más dificultad,
un asma fantasma me quiere ahogar.
Cuando camino me pesan los pies;
cuando hablo no articulo bien.
Los pensamientos fluyen sin claridad,
todo se debe ... al costo del aire.
Me late menos el corazón;
mi pecho siente el quejido del pulmón.
Y en las noches ya no duerrmo con placidez,
asfixiado por lo que soy y por lo que pude ser.
No hay descanso, demasiadas pesadillas en la oscuridad,
todo se debe ... al costo del aire.
Me drogo para no perder la lucidez;
me medico para recordar que no todo es cuestión de fe.
Pero en la intemperie me cuesta tanto respirar,
cada día siento que muero más y más.
El precio ha aumentado, mi crédito está agotado,
y no sé ... si pueda costear el aire.
un asma fantasma me quiere ahogar.
Cuando camino me pesan los pies;
cuando hablo no articulo bien.
Los pensamientos fluyen sin claridad,
todo se debe ... al costo del aire.
Me late menos el corazón;
mi pecho siente el quejido del pulmón.
Y en las noches ya no duerrmo con placidez,
asfixiado por lo que soy y por lo que pude ser.
No hay descanso, demasiadas pesadillas en la oscuridad,
todo se debe ... al costo del aire.
Me drogo para no perder la lucidez;
me medico para recordar que no todo es cuestión de fe.
Pero en la intemperie me cuesta tanto respirar,
cada día siento que muero más y más.
El precio ha aumentado, mi crédito está agotado,
y no sé ... si pueda costear el aire.
El vaso roto.
No hay quien pueda ver
el verdadero rostro detrás del vaso
que se asoma tímidamente
frente a ventanillas que separan
lo que soy de lo que pude ser.
Es una luz roja la que da pausa
a un tránsito de indiferencia total
y que me permite dar pasos en la realidad
de caras que me ignoran
o de manos que dab la mínima caridad.
Lo evidente es mi apariencia,
lo evidente es el vaso que pide clemencia.
Aunque frente a mí se detienen
casi siempre sigue en marcha su conciencia
y sólo veo cadáveres con movimientos reflejos.
Cristo o infierno,
así leen algunos autos en su trasero.
Mi cáliz se acerca al salvado conduciendo
y es el infierno la moneda regalada,
mientras Cristo se queda en el asiento pasajero.
Me dicen no sin paciencia,
me dicen no mintiendo,
asumiendo como si no supiera.
Me dicen sí si la mano no les respeta,
me dicen sí para librarse de esta molestia.
Pero, ¿el pordiosero quién será?,
este consumado pecador
o el espectro dentro de un cajón
con vida presumida como plena,
aunque sea tan vagabundo como yo.
La roja para no dar.
La verde para ahorrar un bellón.
¿Qué saben ellos de mi adicción?
¿Qué saben ellos de mi condición?
Como si no tuvieran vicios a secretas,
gustos por el porno o una amante aventurera,
una cerveza a la mano
o una enfermedad venérea.
Con mi vaso me faltará la vergüenza,
pero no soy un hipócrita de la carretera.
Y para su beneplácito me retiraré,
las migajas recogidas contaré.
Y, sí, a la vena alimentaré,
mientras la misma aguja he de compartir
para hacer de otros mis hermanos de sangre.
Mi sangre ahora está en ellos,
su muerte ahora está en mí.
el verdadero rostro detrás del vaso
que se asoma tímidamente
frente a ventanillas que separan
lo que soy de lo que pude ser.
Es una luz roja la que da pausa
a un tránsito de indiferencia total
y que me permite dar pasos en la realidad
de caras que me ignoran
o de manos que dab la mínima caridad.
Lo evidente es mi apariencia,
lo evidente es el vaso que pide clemencia.
Aunque frente a mí se detienen
casi siempre sigue en marcha su conciencia
y sólo veo cadáveres con movimientos reflejos.
Cristo o infierno,
así leen algunos autos en su trasero.
Mi cáliz se acerca al salvado conduciendo
y es el infierno la moneda regalada,
mientras Cristo se queda en el asiento pasajero.
Me dicen no sin paciencia,
me dicen no mintiendo,
asumiendo como si no supiera.
Me dicen sí si la mano no les respeta,
me dicen sí para librarse de esta molestia.
Pero, ¿el pordiosero quién será?,
este consumado pecador
o el espectro dentro de un cajón
con vida presumida como plena,
aunque sea tan vagabundo como yo.
La roja para no dar.
La verde para ahorrar un bellón.
¿Qué saben ellos de mi adicción?
¿Qué saben ellos de mi condición?
Como si no tuvieran vicios a secretas,
gustos por el porno o una amante aventurera,
una cerveza a la mano
o una enfermedad venérea.
Con mi vaso me faltará la vergüenza,
pero no soy un hipócrita de la carretera.
Y para su beneplácito me retiraré,
las migajas recogidas contaré.
Y, sí, a la vena alimentaré,
mientras la misma aguja he de compartir
para hacer de otros mis hermanos de sangre.
Mi sangre ahora está en ellos,
su muerte ahora está en mí.
Lo que me queda de vida.
*07/01/09
Lo usual durante la época navideña es el aumento en el flujo de correspondencia a ni-
vel nacional. Todas las máquinas sorteadoras de cartas funcionaban a capacidad. Los emplea-
dos postales realizaban sus labores habituales, unos más dedicados que otros, tal y como
ocurre en cualquier lugar de trabajo. Entre estos, Frank Negrón halaba por si solo tres carreto-
nes repletos de bandejas plásticas con correspondencia. A pesar que todos los días alguien
le decía -- "No te esfuerces tanto", o, "No te mates haciendo eso solo" ---, Frank no se dejaba
persuadir y hacía las cosas como entendía debía hacerlas. Esa aptitud en el trabajo le mere-
ció rápidamente el respeto de todos. Rara vez compartía con sus compañeros, de hecho,
rara vez compartía con alguien, punto. Ese aire misterioso en su vagar por el centro de distri-
bución postal, le ganó el apodo de 'el hermitaño' , lo cual no le molestaba para nada.
En meses recientes, varias personas se percataron de su deterioro físico. Había ba-
jado mucho de peso, cada vez se veía más pálido y tenía unas ojeras prominentes. Por su ca-
racter tan aislado, nadie se atrevía a preguntarle si estaba enfermo. A pesar que se notaba
claramente su cansancio, no disminuía el ritmo de sus labores. Eso continuó así hasta que un
día sufrió un ataque de tos fuerte y, los que estaban cerca, vieron cómo la mano que usó
para taparse su boca se manchó de sangre. Frank. aún con la tos, corrió al baño más cercano
para limpiarse. Mientras se limpiaba la mano y su rostro, veía como su sangre se escurría por
el lavamanos. Una vez enjuagado el área, se sontempló en el espejo con más resignación
que tristeza.
*04 / 06 / 08
-- "En mi familia no hay historial de cáncer, ¿cómo es posible que yo sí lo tenga?"
-- "Lamento decirle que el historial familiar es sólo una guía para saber la predisposi-
ción a esta u otras enfermedades. Pero, si se dan los factores necesarios, cualquiera puede
contraer la condición".
Frank no podía disimular su enojo y frustración ante el doctor. Sabía que estaba en
una condición física excepcional. Por eso, no lograba conciliar la idea de estar saludable un
dِía y al otro ser confirmado como paciente de cáncer. Había acudido al doctor por una ligera
congestión nasal y el resultado del examen físico fue más de lo que esperaba. Su médico
fue muy asertivo al momento de discutir la situación.
-- "A pesar que detectamos el tumor en una etapa temprana, su localización resulta
ser el mayor problema".
-- "Ya, ya, entiendo. El cerebro no es una pieza fácil de arreglar".
-- "Bueno, si estuviese hablando de un auto lo pondría en esos términos".
-- "No lo tome a mal ... se me hace más fácil filtrar lo que me dice con mi sarcasmo".
Su consulta médica finalizó con el acuerdo de una cita para coordinar y decidir los
pasos a seguir, en lo que a tratamientos y posibles cirugías se refiere. Al salir de la oficina
de su médico, se dirigió a un cafetín cercano. El sarcasmo le ayudaba a procesar la noticia,
pero no el hambre.
Ya en el cafetín, pidió un revoltillo con un par de tostadas y un jugo de china. Se sen-
tó en la mesa más alejada aunque, por el tamaño del sitio, la distancia entre él y el resto de
la gente no era mucha. Pero buscar ese pequeño espacio, esa distancia leve, ya era cues-
tión de hábito. Al poco rato, se le acerca una dama que, de una primera mirada, no le llamó
la atención. Pero en una segunda mirada, Frank, no evitó mirarla con detenimiento. No era
su belleza lo que despertó su curiosidad, fue algo distinto, algo más etéreo que físico.
-- "¿Está ocupado este asiento?", le preguntó.
-- "No, no. Puedes sentarte. No hay problema".
-- "Me iba a sentar en aquella otra mesa, pero el señor que está allí me miró con unos
ojos que sentí me desnudaba con ellos".
-- "Oh, bueno. Pues, por mí no te preocupes. Yo uso las manos para eso, no los ojos".
La chica soltó una carcajada ya que comprendió que el comentario no era mal inten-
cionado. Mientras Frank acomodaba la bandeja con su desayuno, ella se presentó con mucha
cordialidad.
-- "Mi nombre es Sofía, Sofía Ballesteros. Un placer en conocerte. Y tu nombre es ..."
-- "Ah, claro ... Frank Negrón. Mucho gusto".
-- "Muy bien Frank, dime, ¿cuánto tiempo te queda de vida?"
Frank por poco deja caer su jugo al escuchar aquella pregunta tan inesperada. Por un
brevísimo instante, hizo una mueca de disgusto. Pero el disgusto duró milésimas de segundo
al observar a la persona que quería saber cuando iba a morir. Pelo rizado y castaño hasta el
hombro, delgada hasta los huesos y unos ojos verdes como nunca los había visto. Su vestir
sencillo le indicaba su humildad y sus ojos le indicaban que también sus días estaban conta-
dos.
-- "¿Cómo sabes?... ¿Por qué quieres saber?"
-- "Te vi en la oficina de tu médico. Estaba allí viendo al médico de la oficina de al la-
do. Además, anoche soñé contigo".
-- "¿Conmigo? Nunca nos habíamos visto antes. Si esto es una broma ... "
-- "No, para nada. Anoche soñé que me encontraba aquí junto a la sombra de un ser".
-- "¿Qué ser?"
-- "Eso vine a averiguar. Era la sombra de alguien que sabía su futuro. Frank, ¿sabes
cuál es tu futuro?"
Frank calló por un instante. Se sentía algo acorralado. La miró a los ojos, los mismos
que iluminaban todo el cafetín.
-- "Tengo un tumor en el cerebro. Su localización hace difícil una biopsia y no hablar
de una cirujía para removerlo. El médico no me dió estimado de tiempo. De todos modos, no
le pregunté. Pero presiento que es cuestión de meses, un año quizás".
-- "Entiendo, meses ,,, un año".
-- "Y tú mi amiga, eres HIV positivo, etapa avanzada. También cuestión de meses".
-- "¿Cómo lo sabes?"
-- "Resulta que yo también soñé que me sentaba a dialogar con una sombra".
-- "Pues, querido amigo, hablemos".
-- "Sí, hablemos de la vida o de lo que nos queda de la misma".
*24/12/08
La decisión estaba tomada. Después de tratamientos costosos y un sin fin de de es-
tudios, Frank decidió no entregarse más a las medicinas ni a los laboratorios. Nadie tenía
idea de lo que estaba por acontecer. Desde que su abuela murió hace unos tres años, este
vivía solo. No se le conocieron novias y sus amistades más cercanas fueron alejándose con
el tiempo. Solamente Sofía se mantuvo como su constante.
Desde que se conocieron en el cafetín, se volvieron inseparables. El deterioro físico
era lo que tenían más en común. Pero en realidad un sentimiento creció, un cariño especial
que trascendía el dolor que ambos padecían. El celular de Frank sonó. Sabía qie era ella,
por eso no contestó ni revisó sus mensajes.
-- "Hoy no", se dijo a sí mismo. "No más conversaciones esotéricas".
Fue al baño y recogió todos los frascos de medicamentos que tenía. Preparó un
coctel de zoloft, abilify, ambien, xanax, klonopin, ritalin y cualquier pastilla PM que encon-
tró cerca. Cerró todas las ventanas de su apartamento y se tomó su coctel. Al comenzar
la somnolencia, se sentó a ver una de sus películas preferidas - 'Batman Begins'. Se repi-
tió a sí mismo en varias ocasiones una de las líneas del filme - "No es lo que somos en
nuestro interior, sino lo que hacemos lo que nos define". ¿Cómo sería definido con lo que
estaba haciendo? ¿Otra cofra más en las estadísticas de suicidio? ¿Otro paciente mental
que perdió el control? Pero la pregunta que más lo perseguía era, ¿fue por temor o can-
sancio? Temor a seguir sufriendo de su condición. Cansancio por una vida vacía y sin
potencial logrado. Ambas respuestas eran las correctas.
Sus párpados se sintieron pesados y su respirar entrecortado. Otra vez el celu-
lar, era Sofía de seguro. ¿Había soñado con él otra vez? ¿Había soñado con lo que esta-
ba haciendo? El sueño lo dominó, su viaje de ida comenzó con un pensamiento ...
¿Se encontraría con Sofía al otro lado?
*15/10/08
-- "¿Te puedo hacer una pregunta?", dijo Frank con cierto titubeo.
-- "Claro, pregunta lo que desees".
-- "¿Alguna vez haz considerado el suicidio... no sé, algo tipo eutanasia?
-- "No". Fue su contestación monosílaba y seca.
-- "Sólo pregunto por curiosidad".
-- "No es cierto. Ya no vas a tus terapias y haz descartado cualquier otra opción".
-- "Sí, lo admito. La verdad es que siento que me queda poco y no quiero quedar
postrado en una cama dependiendo de que me cuiden".
-- "Sólo te diré una cosa... no dejes que tu futuro determine tu presente".
-- "Pero, Sofía, ya está escrito, moriré en poco tiempo".
-- "Si así quieres que sea, así será. Pero recuerda, sólo es cuando enfrentamos a
la muerte que apreciamos la vida".
Esa fue la última conversación que tuvieron por semanas. El sentimiento entre ambos
era obvio, pero la cercanía de sus respectivas muertes impedían que el amor floreciera. Frank
continuó con su trabajo en el correo y Sofía continuó sus tratamientos para controlar su HIV.
Apenas hablaron durante esas semanas. Ambos sintieron cómo ese distanciamiento marchi-
tó aquello que los curaría de sus enfermedades ... el amor.
*25/12/08
Frank abrió los ojos y se preguntó - "¿Esto es la sala de espera antes de entrar al
cielo?" Se volteó y vió la figura arropada de Sofía. Lucía preciosa sin maquillaje alguno.
Esta despertó cuando sintió que Frank comía lo que la enfermera le había dejado.
-- "¿Cómo te sientes?, le preguntó Sofía.
-- "Como si debiera estar en otro lado ... ¿Cómo llegué aquí?"
-- "Me cansé de telefonearte y llegué a tu apartamento. Por pura sospecha, llamé
a los paramédicos, quienes te mantuvieron vivo hasta que llegaste 'flatline' al hospital. Te re-
vivieron y te lavaron el estómago. Técnicamente estuviste muerto unos dos minutos".
-- "¿Cómo supiste?"
-- "Ayer soñé contigo, por eso te telefoneé varias veces. Soñé que la sombra en el
cafetín se disipaba hasta desaparecer".
-- "No quiero ser malagradecido, pero no debiste ..."
-- "¿Cómo que no? Esto es una vida por una vida. Yo estoy aquí para ayudarte a com-
prender eso. Tenemos un día de muerte, pero eso no quiere decir que no vivamos lo que nos
falta".
-- "Sólo quiero que todo termine. Estoy cansado".
-- "¿Te falta motivación?, que tal esto..."
De modo sutil, Sofía le plantó un beso en los labios, el cual fue correspondido por
Frank. Ambos se miraron ... ambos se compenetraron como no lo habían hecho antes.
-- "Sombra de mi sombra, te amo desde el primer momento en que te ví", le susurró
Sofía tiernamente.
-- "Me haz querido enseñar a valorar lo que me queda de vida, y noo he querido es-
cuchar", le dijo Frank con los ojos aguados.
-- "Pues escucha, ya que si aprendes serás libre".
Ambos se acurrucaron en la cama, un paciente de cáncer y una HIV positivo. Uno
con tendencias a la muerte y la otra con tendencia hacia la vida.
-- "Por cierto", dijo ella, "feliz navidad".
*07/01/09
Varias personas entraron al baño, incluyendo supervisores. Le cuestionaron si se
encontraba bien. Frank se limitó a decir que era bronquitis, mentira que nadie creyó.
Le dieron el resto del día libre. Frank se dirigió al cementerio donde estaban descansando en
paz la mayoría de sus familiares. Primero visitó la tumba de sus padres y abuelos, y por
último se posó frente a una lápida. Leyó el epitafio en silencio ... "Sofía Ballesteros
1978 - 2009: No dejes que tu futuro determine tu presente". Tosió varias veces y más san-
gre manchó la palma de su mano. Se dijo a si mismo - "Voy hacia ti pronto, pero todavía no.
Todavía no. Quiero vivir lo que me queda de vida".
Lo usual durante la época navideña es el aumento en el flujo de correspondencia a ni-
vel nacional. Todas las máquinas sorteadoras de cartas funcionaban a capacidad. Los emplea-
dos postales realizaban sus labores habituales, unos más dedicados que otros, tal y como
ocurre en cualquier lugar de trabajo. Entre estos, Frank Negrón halaba por si solo tres carreto-
nes repletos de bandejas plásticas con correspondencia. A pesar que todos los días alguien
le decía -- "No te esfuerces tanto", o, "No te mates haciendo eso solo" ---, Frank no se dejaba
persuadir y hacía las cosas como entendía debía hacerlas. Esa aptitud en el trabajo le mere-
ció rápidamente el respeto de todos. Rara vez compartía con sus compañeros, de hecho,
rara vez compartía con alguien, punto. Ese aire misterioso en su vagar por el centro de distri-
bución postal, le ganó el apodo de 'el hermitaño' , lo cual no le molestaba para nada.
En meses recientes, varias personas se percataron de su deterioro físico. Había ba-
jado mucho de peso, cada vez se veía más pálido y tenía unas ojeras prominentes. Por su ca-
racter tan aislado, nadie se atrevía a preguntarle si estaba enfermo. A pesar que se notaba
claramente su cansancio, no disminuía el ritmo de sus labores. Eso continuó así hasta que un
día sufrió un ataque de tos fuerte y, los que estaban cerca, vieron cómo la mano que usó
para taparse su boca se manchó de sangre. Frank. aún con la tos, corrió al baño más cercano
para limpiarse. Mientras se limpiaba la mano y su rostro, veía como su sangre se escurría por
el lavamanos. Una vez enjuagado el área, se sontempló en el espejo con más resignación
que tristeza.
*04 / 06 / 08
-- "En mi familia no hay historial de cáncer, ¿cómo es posible que yo sí lo tenga?"
-- "Lamento decirle que el historial familiar es sólo una guía para saber la predisposi-
ción a esta u otras enfermedades. Pero, si se dan los factores necesarios, cualquiera puede
contraer la condición".
Frank no podía disimular su enojo y frustración ante el doctor. Sabía que estaba en
una condición física excepcional. Por eso, no lograba conciliar la idea de estar saludable un
dِía y al otro ser confirmado como paciente de cáncer. Había acudido al doctor por una ligera
congestión nasal y el resultado del examen físico fue más de lo que esperaba. Su médico
fue muy asertivo al momento de discutir la situación.
-- "A pesar que detectamos el tumor en una etapa temprana, su localización resulta
ser el mayor problema".
-- "Ya, ya, entiendo. El cerebro no es una pieza fácil de arreglar".
-- "Bueno, si estuviese hablando de un auto lo pondría en esos términos".
-- "No lo tome a mal ... se me hace más fácil filtrar lo que me dice con mi sarcasmo".
Su consulta médica finalizó con el acuerdo de una cita para coordinar y decidir los
pasos a seguir, en lo que a tratamientos y posibles cirugías se refiere. Al salir de la oficina
de su médico, se dirigió a un cafetín cercano. El sarcasmo le ayudaba a procesar la noticia,
pero no el hambre.
Ya en el cafetín, pidió un revoltillo con un par de tostadas y un jugo de china. Se sen-
tó en la mesa más alejada aunque, por el tamaño del sitio, la distancia entre él y el resto de
la gente no era mucha. Pero buscar ese pequeño espacio, esa distancia leve, ya era cues-
tión de hábito. Al poco rato, se le acerca una dama que, de una primera mirada, no le llamó
la atención. Pero en una segunda mirada, Frank, no evitó mirarla con detenimiento. No era
su belleza lo que despertó su curiosidad, fue algo distinto, algo más etéreo que físico.
-- "¿Está ocupado este asiento?", le preguntó.
-- "No, no. Puedes sentarte. No hay problema".
-- "Me iba a sentar en aquella otra mesa, pero el señor que está allí me miró con unos
ojos que sentí me desnudaba con ellos".
-- "Oh, bueno. Pues, por mí no te preocupes. Yo uso las manos para eso, no los ojos".
La chica soltó una carcajada ya que comprendió que el comentario no era mal inten-
cionado. Mientras Frank acomodaba la bandeja con su desayuno, ella se presentó con mucha
cordialidad.
-- "Mi nombre es Sofía, Sofía Ballesteros. Un placer en conocerte. Y tu nombre es ..."
-- "Ah, claro ... Frank Negrón. Mucho gusto".
-- "Muy bien Frank, dime, ¿cuánto tiempo te queda de vida?"
Frank por poco deja caer su jugo al escuchar aquella pregunta tan inesperada. Por un
brevísimo instante, hizo una mueca de disgusto. Pero el disgusto duró milésimas de segundo
al observar a la persona que quería saber cuando iba a morir. Pelo rizado y castaño hasta el
hombro, delgada hasta los huesos y unos ojos verdes como nunca los había visto. Su vestir
sencillo le indicaba su humildad y sus ojos le indicaban que también sus días estaban conta-
dos.
-- "¿Cómo sabes?... ¿Por qué quieres saber?"
-- "Te vi en la oficina de tu médico. Estaba allí viendo al médico de la oficina de al la-
do. Además, anoche soñé contigo".
-- "¿Conmigo? Nunca nos habíamos visto antes. Si esto es una broma ... "
-- "No, para nada. Anoche soñé que me encontraba aquí junto a la sombra de un ser".
-- "¿Qué ser?"
-- "Eso vine a averiguar. Era la sombra de alguien que sabía su futuro. Frank, ¿sabes
cuál es tu futuro?"
Frank calló por un instante. Se sentía algo acorralado. La miró a los ojos, los mismos
que iluminaban todo el cafetín.
-- "Tengo un tumor en el cerebro. Su localización hace difícil una biopsia y no hablar
de una cirujía para removerlo. El médico no me dió estimado de tiempo. De todos modos, no
le pregunté. Pero presiento que es cuestión de meses, un año quizás".
-- "Entiendo, meses ,,, un año".
-- "Y tú mi amiga, eres HIV positivo, etapa avanzada. También cuestión de meses".
-- "¿Cómo lo sabes?"
-- "Resulta que yo también soñé que me sentaba a dialogar con una sombra".
-- "Pues, querido amigo, hablemos".
-- "Sí, hablemos de la vida o de lo que nos queda de la misma".
*24/12/08
La decisión estaba tomada. Después de tratamientos costosos y un sin fin de de es-
tudios, Frank decidió no entregarse más a las medicinas ni a los laboratorios. Nadie tenía
idea de lo que estaba por acontecer. Desde que su abuela murió hace unos tres años, este
vivía solo. No se le conocieron novias y sus amistades más cercanas fueron alejándose con
el tiempo. Solamente Sofía se mantuvo como su constante.
Desde que se conocieron en el cafetín, se volvieron inseparables. El deterioro físico
era lo que tenían más en común. Pero en realidad un sentimiento creció, un cariño especial
que trascendía el dolor que ambos padecían. El celular de Frank sonó. Sabía qie era ella,
por eso no contestó ni revisó sus mensajes.
-- "Hoy no", se dijo a sí mismo. "No más conversaciones esotéricas".
Fue al baño y recogió todos los frascos de medicamentos que tenía. Preparó un
coctel de zoloft, abilify, ambien, xanax, klonopin, ritalin y cualquier pastilla PM que encon-
tró cerca. Cerró todas las ventanas de su apartamento y se tomó su coctel. Al comenzar
la somnolencia, se sentó a ver una de sus películas preferidas - 'Batman Begins'. Se repi-
tió a sí mismo en varias ocasiones una de las líneas del filme - "No es lo que somos en
nuestro interior, sino lo que hacemos lo que nos define". ¿Cómo sería definido con lo que
estaba haciendo? ¿Otra cofra más en las estadísticas de suicidio? ¿Otro paciente mental
que perdió el control? Pero la pregunta que más lo perseguía era, ¿fue por temor o can-
sancio? Temor a seguir sufriendo de su condición. Cansancio por una vida vacía y sin
potencial logrado. Ambas respuestas eran las correctas.
Sus párpados se sintieron pesados y su respirar entrecortado. Otra vez el celu-
lar, era Sofía de seguro. ¿Había soñado con él otra vez? ¿Había soñado con lo que esta-
ba haciendo? El sueño lo dominó, su viaje de ida comenzó con un pensamiento ...
¿Se encontraría con Sofía al otro lado?
*15/10/08
-- "¿Te puedo hacer una pregunta?", dijo Frank con cierto titubeo.
-- "Claro, pregunta lo que desees".
-- "¿Alguna vez haz considerado el suicidio... no sé, algo tipo eutanasia?
-- "No". Fue su contestación monosílaba y seca.
-- "Sólo pregunto por curiosidad".
-- "No es cierto. Ya no vas a tus terapias y haz descartado cualquier otra opción".
-- "Sí, lo admito. La verdad es que siento que me queda poco y no quiero quedar
postrado en una cama dependiendo de que me cuiden".
-- "Sólo te diré una cosa... no dejes que tu futuro determine tu presente".
-- "Pero, Sofía, ya está escrito, moriré en poco tiempo".
-- "Si así quieres que sea, así será. Pero recuerda, sólo es cuando enfrentamos a
la muerte que apreciamos la vida".
Esa fue la última conversación que tuvieron por semanas. El sentimiento entre ambos
era obvio, pero la cercanía de sus respectivas muertes impedían que el amor floreciera. Frank
continuó con su trabajo en el correo y Sofía continuó sus tratamientos para controlar su HIV.
Apenas hablaron durante esas semanas. Ambos sintieron cómo ese distanciamiento marchi-
tó aquello que los curaría de sus enfermedades ... el amor.
*25/12/08
Frank abrió los ojos y se preguntó - "¿Esto es la sala de espera antes de entrar al
cielo?" Se volteó y vió la figura arropada de Sofía. Lucía preciosa sin maquillaje alguno.
Esta despertó cuando sintió que Frank comía lo que la enfermera le había dejado.
-- "¿Cómo te sientes?, le preguntó Sofía.
-- "Como si debiera estar en otro lado ... ¿Cómo llegué aquí?"
-- "Me cansé de telefonearte y llegué a tu apartamento. Por pura sospecha, llamé
a los paramédicos, quienes te mantuvieron vivo hasta que llegaste 'flatline' al hospital. Te re-
vivieron y te lavaron el estómago. Técnicamente estuviste muerto unos dos minutos".
-- "¿Cómo supiste?"
-- "Ayer soñé contigo, por eso te telefoneé varias veces. Soñé que la sombra en el
cafetín se disipaba hasta desaparecer".
-- "No quiero ser malagradecido, pero no debiste ..."
-- "¿Cómo que no? Esto es una vida por una vida. Yo estoy aquí para ayudarte a com-
prender eso. Tenemos un día de muerte, pero eso no quiere decir que no vivamos lo que nos
falta".
-- "Sólo quiero que todo termine. Estoy cansado".
-- "¿Te falta motivación?, que tal esto..."
De modo sutil, Sofía le plantó un beso en los labios, el cual fue correspondido por
Frank. Ambos se miraron ... ambos se compenetraron como no lo habían hecho antes.
-- "Sombra de mi sombra, te amo desde el primer momento en que te ví", le susurró
Sofía tiernamente.
-- "Me haz querido enseñar a valorar lo que me queda de vida, y noo he querido es-
cuchar", le dijo Frank con los ojos aguados.
-- "Pues escucha, ya que si aprendes serás libre".
Ambos se acurrucaron en la cama, un paciente de cáncer y una HIV positivo. Uno
con tendencias a la muerte y la otra con tendencia hacia la vida.
-- "Por cierto", dijo ella, "feliz navidad".
*07/01/09
Varias personas entraron al baño, incluyendo supervisores. Le cuestionaron si se
encontraba bien. Frank se limitó a decir que era bronquitis, mentira que nadie creyó.
Le dieron el resto del día libre. Frank se dirigió al cementerio donde estaban descansando en
paz la mayoría de sus familiares. Primero visitó la tumba de sus padres y abuelos, y por
último se posó frente a una lápida. Leyó el epitafio en silencio ... "Sofía Ballesteros
1978 - 2009: No dejes que tu futuro determine tu presente". Tosió varias veces y más san-
gre manchó la palma de su mano. Se dijo a si mismo - "Voy hacia ti pronto, pero todavía no.
Todavía no. Quiero vivir lo que me queda de vida".
lunes, 13 de diciembre de 2010
The day I stood still.
Al momento en que cursaba el grado 11 en la secundaria Lola Rodríguez de Tió en Carolina, Puerto Rico, no me había enfrentado a ese dilema llamado 'amor.' Se podría decir que mi vida hasta ese momento había sido una normal, aunque hoy estoy convencido que la 'normalidad' no existe ya que es una mera ilusión. Mi experiencia escolar no fue placentera en lo absoluto. Tuve buenas amistades, me divertí, relajé un monton, pero lo menos que tengo son recuerdos gratos. Para mí, la escuela, particularmente a nivel intermedio y superior, fue un purgatorio. De ese purgatorio me expresaré otro día, si es que lo hago.
Este escrito es sobre mi primera experiencia ante algo que a veces catalogo como 'sobrenatural.' El amor es de todo menos concreto. Puede manifestarse a través de acciones con consecuencias concretas, pero su esencia es totalmente intangible. El amor es una sensación que genera el cerebro y que afecta todo el sistema anatómico. El amor es un ideal por el cual los valientes dan la vida. Es la creencia que sirve de base para casi todas las religiones. El amor es la musa predilecta de los poetas. El amor es como el Tao... todo y nada a la vez. Para mi el amor fue, y sigue siendo, una pared con la cual choqué una primera vez, de lo que hasta ahora no me he recuperado.
A finales del primer semestre, hacía lo usual durante el recreo, estar en la cancha jugando o viendo a los demás jugar baloncesto. Todo transcurría como siempre hasta que a lo lejos vi caminar a esta chica. Quizás la había tenido de frente cientos de veces, pero no fue hasta ese día que realmente la ví. La imagen de aquella joven mujer fue lentamente procesada por mi cerebro. Una vez mi conciencia tuvo constancia de lo que observaba, todo mi ser se conmocionó. No digo que con anterioridad no había sentido atracción por una chica, sino que esa fue la primera vez que sentí el infame 'flechazo.' Lo único que sabía de ella era que no era de undécimo grado, así que inferí que cursaba el décimo. Los siguientes días, hasta el fin del semestre, pasaron de forma ritual, yo en la cancha viéndola caminar el mismo sendero a la misma hora. Durante las vacaciones navideñas sólo pensaba en ella, en si debía acercarme o presentarme de algún modo. Las siguientes semanas serían preludio al evento que definiría a la persona que soy hoy en día.
De regreso en la escuela, el ritual continuó, sólo que con una pequeña variación. Procuraba entonces rondar por los sitios que ella rondaba, todo un stalker en potencia. ¿Cuán difícil es saludar y ofrecer amistad a una chica?, me preguntaría cualquiera. No tanto, creo, pero para mí era como si estuviera a la puerta abierta de un avión y sin paracaídas. Tener nervios no lo explica del todo, eran más que nervios, era puro y genuino pánico. En aquel entonces me resultaba sumamente frustrante el ser incapaz de una acción social tan elemental, pero siendo justo conmigo mismo, no sabía lo que sé de mi ahora.
Las ansias se tornaron insoportables, así que me decidí dar un paso al frente, lo que ignoraba es hacia dónde me llevaría el mismo. Unos días antes de San Valentín fuí a la escuela determinado a hacer lo que debía hacer. Era ese día o nunca. Había planeado hacer el acercamiento al medio día, en el lugar donde la veía regularmente. Por casualidad o por destino, nada resultó según el plan. Después de la primera hora de clases, me dirigí al salón del próximo curso. En mi lento caminar, cuerpo y mente no estaban sincronizados. Pensaba en lo que iba a decir, en el tono adecuado que debía implementar, simplemente estaba alistándome para no hacer el ridículo. Y justo en ese instante di media vuelta y ella andaba detrás de mí. Todo quedó en blanco, por un segundo sufrí de una parálisis total. Pero reaccioné, sabía que no era el momento, así que le cedí el paso. De pronto, cambié de opinión y la detuve (mente y cuerpo seguían diacrónicos). Ella me miró con suma curiosidad, dudosa, pero con cortesía. Y fue entonces que con palabras y tono que no recuerdo, y que no quiero recordar, le expresé que me tenía impresionado y que me agradaría unos minutos en cualquier otro momento para conversar. Me miró con ojos como pensando 'quién es este pobre diablo' y titubeó un instante. Sin embargo, me dijo que sí, que estaba dispuesta a conversar. De eso modo siguió su camino y yo estaba al borde de una arritmia cardiaca. A pesar que mis sistema estaba desequilibrado, sentí un alivio sin precedentes... sensación que no perduraría mucho, como todo en la existencia.
No pude tomar las siguientes clases de la mañana, me encontraba fuera de mí. Decidí pasar el resto de la mañana en la cancha para tranquilizarme y reagrupar mis sentidos. Resulta que al rato la chica apareció en los predios, algo que no me esperaba. Me encontraba arrecostado de pie de la base del canasto en el que varios chamacos jugaban al basket. La observé caminar al otro extremo de la cancha y sentarse en el último escalón o nivel de las graderías. Por un momento la ví charlar con un par de chicas sentadas allí, pero en un instante tornó su mirada hacia mí. Mi mundo se detuvo ese preciso instante... el aire dejó de soplar, las nubes dejaron de moverse, incluso, el planeta Tierra dejó de rotar en su propio eje en esa décima del tiempo infinito. Supe fuera de toda duda que aquel era el momento de la verdad. Después de meses de dudas, nervios y de cuestionar toda la creación existente, el momento de darme a conocer y de arriesgarme ante la posibilidad del amor había llegado. Lo único que debía hacer era caminar, sentarme y charlar con ella, como lo harían dos personas comunes y corrientes. La verdad es que me quedé inmovil. Uno puede dudar de todo ya que nada es predecible. Pero dudar de uno mismo es como cortarle las alas a un ave en pleno vuelo. Por un rato me quedé mirándola y ella a mí. Luego, nada. Desvié mi vista y la ignoré por completo. No la volví a ver el resto del año escolar...
Otro año pasó y me gradué de secundaria sin pena ni gloria. De ser un adolescente obeso, sin confianza en si mismo y con todo el potencial del mundo, pasé a ser, en mis tiempos universitarios, un joven adulto delgado, sin autoestima y con depresión mayor severa recurrente. Muchos factores forman la personalidad, pero siempre está esa experiencia que hace la diferencia entre lo que es y lo que pudo ser. Si la teoría de las dimensiones múltiples es cierta, debe haber otro 'yo' que sí caminó, se sentó y charló con aquella chica. ¿Cómo sería ese otro 'yo'?... eso jamás se sabrá. Por mucho tiempo fuí muy duro conmigo mismo porque lo que fue un momento de duda se convirtió en una tendencia. Ahora sé como un hecho que padezco lo que se llama 'desorden de ansiedad social' o lo que se conoce comúnmente como 'fobia social.' Si sólo hubiera sabido de antemano ese detalle me hubiese ahorrado muchas lamentaciones. Aún hoy, esta condición ha dominado mi vida. Soy preso del miedo, literalmente. Pero de la fobia y sus estragos, escribiré en otra ocasió... si es que lo hago.
Karl Marx dijo una vez: "Los hombres hacen su propia historia, pero no lo hacen bajo circunstancias que ellos mismos escogen sino bajo circunstancias encontradas, dadas y transformadas del pasado.".... La vida cotidiana nos hace difícil comprender que lo que somos como 'persona' es mucho más que el cúmulo de información obtenida en el hogar y en la escuela. Todo lo que se ve, se escucha y respira es un factor formativo del carácter. Quizás la mente del ser humano sea una tabula rasa al nacer, pero las circunstancias en las que nace y en las que crecerá no lo son. Creo fielmente que la vida es el punto en el que se cruzan el destino y el libre albedrío. Esto significa que nuestras decisiones (libre albedrío) se dan en el contexto de lo que el pasado nos ha dejado en nuestro camino (destino). Quizás estaba dado que conocería a aquella chica en ese preciso momento del espacio/tiempo. Definitivamente estaba destinado para mí que padecería de fobia social desde niño. Y fue mí decisión no actuar en el instante en que se presentó la oportunidad. Siempre he sentido una culpa inmensa por lo que he considerado debilidad de carácter e inmadurez. A pesar que ahora sé que hubo una circunstancia que afectó mi decisión, de todos modos fue mi decisión. Y es algo con lo cual debo aprender a vivir de una vez y por todas. No es suficiente con saber la verdad, los detalles ni los hechos. A veces es necesario algo más para hallar paz. A veces es necesario reconocer que lo que pasó, pasó y no hay vuelta atrás. Que la culpa es el 'yo' de la dimensión de lo que pudo ser y que lo que importa es estar en paz con el 'yo' de la dimensión de lo que es. Asi que por este medio quisiera decirle a la chica sentada en la lejanía esperando por mí... gracias por escucharme y haberme dado la oportunidad de conocerte.
Este escrito es sobre mi primera experiencia ante algo que a veces catalogo como 'sobrenatural.' El amor es de todo menos concreto. Puede manifestarse a través de acciones con consecuencias concretas, pero su esencia es totalmente intangible. El amor es una sensación que genera el cerebro y que afecta todo el sistema anatómico. El amor es un ideal por el cual los valientes dan la vida. Es la creencia que sirve de base para casi todas las religiones. El amor es la musa predilecta de los poetas. El amor es como el Tao... todo y nada a la vez. Para mi el amor fue, y sigue siendo, una pared con la cual choqué una primera vez, de lo que hasta ahora no me he recuperado.
A finales del primer semestre, hacía lo usual durante el recreo, estar en la cancha jugando o viendo a los demás jugar baloncesto. Todo transcurría como siempre hasta que a lo lejos vi caminar a esta chica. Quizás la había tenido de frente cientos de veces, pero no fue hasta ese día que realmente la ví. La imagen de aquella joven mujer fue lentamente procesada por mi cerebro. Una vez mi conciencia tuvo constancia de lo que observaba, todo mi ser se conmocionó. No digo que con anterioridad no había sentido atracción por una chica, sino que esa fue la primera vez que sentí el infame 'flechazo.' Lo único que sabía de ella era que no era de undécimo grado, así que inferí que cursaba el décimo. Los siguientes días, hasta el fin del semestre, pasaron de forma ritual, yo en la cancha viéndola caminar el mismo sendero a la misma hora. Durante las vacaciones navideñas sólo pensaba en ella, en si debía acercarme o presentarme de algún modo. Las siguientes semanas serían preludio al evento que definiría a la persona que soy hoy en día.
De regreso en la escuela, el ritual continuó, sólo que con una pequeña variación. Procuraba entonces rondar por los sitios que ella rondaba, todo un stalker en potencia. ¿Cuán difícil es saludar y ofrecer amistad a una chica?, me preguntaría cualquiera. No tanto, creo, pero para mí era como si estuviera a la puerta abierta de un avión y sin paracaídas. Tener nervios no lo explica del todo, eran más que nervios, era puro y genuino pánico. En aquel entonces me resultaba sumamente frustrante el ser incapaz de una acción social tan elemental, pero siendo justo conmigo mismo, no sabía lo que sé de mi ahora.
Las ansias se tornaron insoportables, así que me decidí dar un paso al frente, lo que ignoraba es hacia dónde me llevaría el mismo. Unos días antes de San Valentín fuí a la escuela determinado a hacer lo que debía hacer. Era ese día o nunca. Había planeado hacer el acercamiento al medio día, en el lugar donde la veía regularmente. Por casualidad o por destino, nada resultó según el plan. Después de la primera hora de clases, me dirigí al salón del próximo curso. En mi lento caminar, cuerpo y mente no estaban sincronizados. Pensaba en lo que iba a decir, en el tono adecuado que debía implementar, simplemente estaba alistándome para no hacer el ridículo. Y justo en ese instante di media vuelta y ella andaba detrás de mí. Todo quedó en blanco, por un segundo sufrí de una parálisis total. Pero reaccioné, sabía que no era el momento, así que le cedí el paso. De pronto, cambié de opinión y la detuve (mente y cuerpo seguían diacrónicos). Ella me miró con suma curiosidad, dudosa, pero con cortesía. Y fue entonces que con palabras y tono que no recuerdo, y que no quiero recordar, le expresé que me tenía impresionado y que me agradaría unos minutos en cualquier otro momento para conversar. Me miró con ojos como pensando 'quién es este pobre diablo' y titubeó un instante. Sin embargo, me dijo que sí, que estaba dispuesta a conversar. De eso modo siguió su camino y yo estaba al borde de una arritmia cardiaca. A pesar que mis sistema estaba desequilibrado, sentí un alivio sin precedentes... sensación que no perduraría mucho, como todo en la existencia.
No pude tomar las siguientes clases de la mañana, me encontraba fuera de mí. Decidí pasar el resto de la mañana en la cancha para tranquilizarme y reagrupar mis sentidos. Resulta que al rato la chica apareció en los predios, algo que no me esperaba. Me encontraba arrecostado de pie de la base del canasto en el que varios chamacos jugaban al basket. La observé caminar al otro extremo de la cancha y sentarse en el último escalón o nivel de las graderías. Por un momento la ví charlar con un par de chicas sentadas allí, pero en un instante tornó su mirada hacia mí. Mi mundo se detuvo ese preciso instante... el aire dejó de soplar, las nubes dejaron de moverse, incluso, el planeta Tierra dejó de rotar en su propio eje en esa décima del tiempo infinito. Supe fuera de toda duda que aquel era el momento de la verdad. Después de meses de dudas, nervios y de cuestionar toda la creación existente, el momento de darme a conocer y de arriesgarme ante la posibilidad del amor había llegado. Lo único que debía hacer era caminar, sentarme y charlar con ella, como lo harían dos personas comunes y corrientes. La verdad es que me quedé inmovil. Uno puede dudar de todo ya que nada es predecible. Pero dudar de uno mismo es como cortarle las alas a un ave en pleno vuelo. Por un rato me quedé mirándola y ella a mí. Luego, nada. Desvié mi vista y la ignoré por completo. No la volví a ver el resto del año escolar...
Otro año pasó y me gradué de secundaria sin pena ni gloria. De ser un adolescente obeso, sin confianza en si mismo y con todo el potencial del mundo, pasé a ser, en mis tiempos universitarios, un joven adulto delgado, sin autoestima y con depresión mayor severa recurrente. Muchos factores forman la personalidad, pero siempre está esa experiencia que hace la diferencia entre lo que es y lo que pudo ser. Si la teoría de las dimensiones múltiples es cierta, debe haber otro 'yo' que sí caminó, se sentó y charló con aquella chica. ¿Cómo sería ese otro 'yo'?... eso jamás se sabrá. Por mucho tiempo fuí muy duro conmigo mismo porque lo que fue un momento de duda se convirtió en una tendencia. Ahora sé como un hecho que padezco lo que se llama 'desorden de ansiedad social' o lo que se conoce comúnmente como 'fobia social.' Si sólo hubiera sabido de antemano ese detalle me hubiese ahorrado muchas lamentaciones. Aún hoy, esta condición ha dominado mi vida. Soy preso del miedo, literalmente. Pero de la fobia y sus estragos, escribiré en otra ocasió... si es que lo hago.
Karl Marx dijo una vez: "Los hombres hacen su propia historia, pero no lo hacen bajo circunstancias que ellos mismos escogen sino bajo circunstancias encontradas, dadas y transformadas del pasado.".... La vida cotidiana nos hace difícil comprender que lo que somos como 'persona' es mucho más que el cúmulo de información obtenida en el hogar y en la escuela. Todo lo que se ve, se escucha y respira es un factor formativo del carácter. Quizás la mente del ser humano sea una tabula rasa al nacer, pero las circunstancias en las que nace y en las que crecerá no lo son. Creo fielmente que la vida es el punto en el que se cruzan el destino y el libre albedrío. Esto significa que nuestras decisiones (libre albedrío) se dan en el contexto de lo que el pasado nos ha dejado en nuestro camino (destino). Quizás estaba dado que conocería a aquella chica en ese preciso momento del espacio/tiempo. Definitivamente estaba destinado para mí que padecería de fobia social desde niño. Y fue mí decisión no actuar en el instante en que se presentó la oportunidad. Siempre he sentido una culpa inmensa por lo que he considerado debilidad de carácter e inmadurez. A pesar que ahora sé que hubo una circunstancia que afectó mi decisión, de todos modos fue mi decisión. Y es algo con lo cual debo aprender a vivir de una vez y por todas. No es suficiente con saber la verdad, los detalles ni los hechos. A veces es necesario algo más para hallar paz. A veces es necesario reconocer que lo que pasó, pasó y no hay vuelta atrás. Que la culpa es el 'yo' de la dimensión de lo que pudo ser y que lo que importa es estar en paz con el 'yo' de la dimensión de lo que es. Asi que por este medio quisiera decirle a la chica sentada en la lejanía esperando por mí... gracias por escucharme y haberme dado la oportunidad de conocerte.
domingo, 12 de diciembre de 2010
Mi primera publicacion.
Este es mi primer post.... y no tengo absolutamente nada que decir... por ahora.
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