Una luz de significado en la oscuridad del mero existir.

"As far as we can discern, the sole purpose of human existence is to kindle a light of meaning in the darkness of mere being." - C.G. Jung

martes, 14 de diciembre de 2010

Lo que me queda de vida.

*07/01/09

Lo usual durante la época navideña es el aumento en el flujo de correspondencia a ni-
vel nacional. Todas las máquinas sorteadoras de cartas funcionaban a capacidad. Los emplea-
dos postales realizaban sus labores habituales, unos más dedicados que otros, tal y como
ocurre en cualquier lugar de trabajo. Entre estos, Frank Negrón halaba por si solo tres carreto-
nes repletos de bandejas plásticas con correspondencia. A pesar que todos los días alguien
le decía -- "No te esfuerces tanto", o, "No te mates haciendo eso solo" ---, Frank no se dejaba
persuadir y hacía las cosas como entendía debía hacerlas. Esa aptitud en el trabajo le mere-
ció rápidamente el respeto de todos. Rara vez compartía con sus compañeros, de hecho,
rara vez compartía con alguien, punto. Ese aire misterioso en su vagar por el centro de distri-
bución postal, le ganó el apodo de 'el hermitaño' , lo cual no le molestaba para nada.
En meses recientes, varias personas se percataron de su deterioro físico. Había ba-
jado mucho de peso, cada vez se veía más pálido y tenía unas ojeras prominentes. Por su ca-
racter tan aislado, nadie se atrevía a preguntarle si estaba enfermo. A pesar que se notaba
claramente su cansancio, no disminuía el ritmo de sus labores. Eso continuó así hasta que un
día sufrió un ataque de tos fuerte y, los que estaban cerca, vieron cómo la mano que usó
para taparse su boca se manchó de sangre. Frank. aún con la tos, corrió al baño más cercano
para limpiarse. Mientras se limpiaba la mano y su rostro, veía como su sangre se escurría por
el lavamanos. Una vez enjuagado el área, se sontempló en el espejo con más resignación
que tristeza.

*04 / 06 / 08

-- "En mi familia no hay historial de cáncer, ¿cómo es posible que yo sí lo tenga?"

-- "Lamento decirle que el historial familiar es sólo una guía para saber la predisposi-
ción a esta u otras enfermedades. Pero, si se dan los factores necesarios, cualquiera puede
contraer la condición".

Frank no podía disimular su enojo y frustración ante el doctor. Sabía que estaba en
una condición física excepcional. Por eso, no lograba conciliar la idea de estar saludable un
dِía y al otro ser confirmado como paciente de cáncer. Había acudido al doctor por una ligera
congestión nasal y el resultado del examen físico fue más de lo que esperaba. Su médico
fue muy asertivo al momento de discutir la situación.

-- "A pesar que detectamos el tumor en una etapa temprana, su localización resulta
ser el mayor problema".

-- "Ya, ya, entiendo. El cerebro no es una pieza fácil de arreglar".

-- "Bueno, si estuviese hablando de un auto lo pondría en esos términos".

-- "No lo tome a mal ... se me hace más fácil filtrar lo que me dice con mi sarcasmo".

Su consulta médica finalizó con el acuerdo de una cita para coordinar y decidir los
pasos a seguir, en lo que a tratamientos y posibles cirugías se refiere. Al salir de la oficina
de su médico, se dirigió a un cafetín cercano. El sarcasmo le ayudaba a procesar la noticia,
pero no el hambre.
Ya en el cafetín, pidió un revoltillo con un par de tostadas y un jugo de china. Se sen-
tó en la mesa más alejada aunque, por el tamaño del sitio, la distancia entre él y el resto de
la gente no era mucha. Pero buscar ese pequeño espacio, esa distancia leve, ya era cues-
tión de hábito. Al poco rato, se le acerca una dama que, de una primera mirada, no le llamó
la atención. Pero en una segunda mirada, Frank, no evitó mirarla con detenimiento. No era
su belleza lo que despertó su curiosidad, fue algo distinto, algo más etéreo que físico.

-- "¿Está ocupado este asiento?", le preguntó.

-- "No, no. Puedes sentarte. No hay problema".

-- "Me iba a sentar en aquella otra mesa, pero el señor que está allí me miró con unos
ojos que sentí me desnudaba con ellos".

-- "Oh, bueno. Pues, por mí no te preocupes. Yo uso las manos para eso, no los ojos".

La chica soltó una carcajada ya que comprendió que el comentario no era mal inten-
cionado. Mientras Frank acomodaba la bandeja con su desayuno, ella se presentó con mucha
cordialidad.

-- "Mi nombre es Sofía, Sofía Ballesteros. Un placer en conocerte. Y tu nombre es ..."

-- "Ah, claro ... Frank Negrón. Mucho gusto".

-- "Muy bien Frank, dime, ¿cuánto tiempo te queda de vida?"

Frank por poco deja caer su jugo al escuchar aquella pregunta tan inesperada. Por un
brevísimo instante, hizo una mueca de disgusto. Pero el disgusto duró milésimas de segundo
al observar a la persona que quería saber cuando iba a morir. Pelo rizado y castaño hasta el
hombro, delgada hasta los huesos y unos ojos verdes como nunca los había visto. Su vestir
sencillo le indicaba su humildad y sus ojos le indicaban que también sus días estaban conta-
dos.

-- "¿Cómo sabes?... ¿Por qué quieres saber?"

-- "Te vi en la oficina de tu médico. Estaba allí viendo al médico de la oficina de al la-
do. Además, anoche soñé contigo".

-- "¿Conmigo? Nunca nos habíamos visto antes. Si esto es una broma ... "

-- "No, para nada. Anoche soñé que me encontraba aquí junto a la sombra de un ser".

-- "¿Qué ser?"

-- "Eso vine a averiguar. Era la sombra de alguien que sabía su futuro. Frank, ¿sabes
cuál es tu futuro?"

Frank calló por un instante. Se sentía algo acorralado. La miró a los ojos, los mismos
que iluminaban todo el cafetín.

-- "Tengo un tumor en el cerebro. Su localización hace difícil una biopsia y no hablar
de una cirujía para removerlo. El médico no me dió estimado de tiempo. De todos modos, no
le pregunté. Pero presiento que es cuestión de meses, un año quizás".

-- "Entiendo, meses ,,, un año".

-- "Y tú mi amiga, eres HIV positivo, etapa avanzada. También cuestión de meses".

-- "¿Cómo lo sabes?"

-- "Resulta que yo también soñé que me sentaba a dialogar con una sombra".

-- "Pues, querido amigo, hablemos".

-- "Sí, hablemos de la vida o de lo que nos queda de la misma".

*24/12/08

La decisión estaba tomada. Después de tratamientos costosos y un sin fin de de es-
tudios, Frank decidió no entregarse más a las medicinas ni a los laboratorios. Nadie tenía
idea de lo que estaba por acontecer. Desde que su abuela murió hace unos tres años, este
vivía solo. No se le conocieron novias y sus amistades más cercanas fueron alejándose con
el tiempo. Solamente Sofía se mantuvo como su constante.
Desde que se conocieron en el cafetín, se volvieron inseparables. El deterioro físico
era lo que tenían más en común. Pero en realidad un sentimiento creció, un cariño especial
que trascendía el dolor que ambos padecían. El celular de Frank sonó. Sabía qie era ella,
por eso no contestó ni revisó sus mensajes.

-- "Hoy no", se dijo a sí mismo. "No más conversaciones esotéricas".

Fue al baño y recogió todos los frascos de medicamentos que tenía. Preparó un
coctel de zoloft, abilify, ambien, xanax, klonopin, ritalin y cualquier pastilla PM que encon-
tró cerca. Cerró todas las ventanas de su apartamento y se tomó su coctel. Al comenzar
la somnolencia, se sentó a ver una de sus películas preferidas - 'Batman Begins'. Se repi-
tió a sí mismo en varias ocasiones una de las líneas del filme - "No es lo que somos en
nuestro interior, sino lo que hacemos lo que nos define". ¿Cómo sería definido con lo que
estaba haciendo? ¿Otra cofra más en las estadísticas de suicidio? ¿Otro paciente mental
que perdió el control? Pero la pregunta que más lo perseguía era, ¿fue por temor o can-
sancio? Temor a seguir sufriendo de su condición. Cansancio por una vida vacía y sin
potencial logrado. Ambas respuestas eran las correctas.
Sus párpados se sintieron pesados y su respirar entrecortado. Otra vez el celu-
lar, era Sofía de seguro. ¿Había soñado con él otra vez? ¿Había soñado con lo que esta-
ba haciendo? El sueño lo dominó, su viaje de ida comenzó con un pensamiento ...
¿Se encontraría con Sofía al otro lado?

*15/10/08

-- "¿Te puedo hacer una pregunta?", dijo Frank con cierto titubeo.

-- "Claro, pregunta lo que desees".

-- "¿Alguna vez haz considerado el suicidio... no sé, algo tipo eutanasia?

-- "No". Fue su contestación monosílaba y seca.

-- "Sólo pregunto por curiosidad".

-- "No es cierto. Ya no vas a tus terapias y haz descartado cualquier otra opción".

-- "Sí, lo admito. La verdad es que siento que me queda poco y no quiero quedar
postrado en una cama dependiendo de que me cuiden".

-- "Sólo te diré una cosa... no dejes que tu futuro determine tu presente".

-- "Pero, Sofía, ya está escrito, moriré en poco tiempo".

-- "Si así quieres que sea, así será. Pero recuerda, sólo es cuando enfrentamos a
la muerte que apreciamos la vida".

Esa fue la última conversación que tuvieron por semanas. El sentimiento entre ambos
era obvio, pero la cercanía de sus respectivas muertes impedían que el amor floreciera. Frank
continuó con su trabajo en el correo y Sofía continuó sus tratamientos para controlar su HIV.
Apenas hablaron durante esas semanas. Ambos sintieron cómo ese distanciamiento marchi-
tó aquello que los curaría de sus enfermedades ... el amor.

*25/12/08

Frank abrió los ojos y se preguntó - "¿Esto es la sala de espera antes de entrar al
cielo?" Se volteó y vió la figura arropada de Sofía. Lucía preciosa sin maquillaje alguno.
Esta despertó cuando sintió que Frank comía lo que la enfermera le había dejado.

-- "¿Cómo te sientes?, le preguntó Sofía.

-- "Como si debiera estar en otro lado ... ¿Cómo llegué aquí?"

-- "Me cansé de telefonearte y llegué a tu apartamento. Por pura sospecha, llamé
a los paramédicos, quienes te mantuvieron vivo hasta que llegaste 'flatline' al hospital. Te re-
vivieron y te lavaron el estómago. Técnicamente estuviste muerto unos dos minutos".

-- "¿Cómo supiste?"

-- "Ayer soñé contigo, por eso te telefoneé varias veces. Soñé que la sombra en el
cafetín se disipaba hasta desaparecer".

-- "No quiero ser malagradecido, pero no debiste ..."

-- "¿Cómo que no? Esto es una vida por una vida. Yo estoy aquí para ayudarte a com-
prender eso. Tenemos un día de muerte, pero eso no quiere decir que no vivamos lo que nos
falta".

-- "Sólo quiero que todo termine. Estoy cansado".

-- "¿Te falta motivación?, que tal esto..."

De modo sutil, Sofía le plantó un beso en los labios, el cual fue correspondido por
Frank. Ambos se miraron ... ambos se compenetraron como no lo habían hecho antes.

-- "Sombra de mi sombra, te amo desde el primer momento en que te ví", le susurró
Sofía tiernamente.

-- "Me haz querido enseñar a valorar lo que me queda de vida, y noo he querido es-
cuchar", le dijo Frank con los ojos aguados.

-- "Pues escucha, ya que si aprendes serás libre".

Ambos se acurrucaron en la cama, un paciente de cáncer y una HIV positivo. Uno
con tendencias a la muerte y la otra con tendencia hacia la vida.

-- "Por cierto", dijo ella, "feliz navidad".

*07/01/09

Varias personas entraron al baño, incluyendo supervisores. Le cuestionaron si se
encontraba bien. Frank se limitó a decir que era bronquitis, mentira que nadie creyó.
Le dieron el resto del día libre. Frank se dirigió al cementerio donde estaban descansando en
paz la mayoría de sus familiares. Primero visitó la tumba de sus padres y abuelos, y por
último se posó frente a una lápida. Leyó el epitafio en silencio ... "Sofía Ballesteros
1978 - 2009: No dejes que tu futuro determine tu presente". Tosió varias veces y más san-
gre manchó la palma de su mano. Se dijo a si mismo - "Voy hacia ti pronto, pero todavía no.
Todavía no. Quiero vivir lo que me queda de vida".

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