Una luz de significado en la oscuridad del mero existir.

"As far as we can discern, the sole purpose of human existence is to kindle a light of meaning in the darkness of mere being." - C.G. Jung

lunes, 13 de diciembre de 2010

The day I stood still.

     Al momento en que cursaba el grado 11 en la secundaria Lola Rodríguez de Tió en Carolina, Puerto Rico, no me había enfrentado a ese dilema llamado 'amor.' Se podría decir que mi vida hasta ese momento había sido una normal, aunque hoy estoy convencido que la 'normalidad' no existe ya que es una mera ilusión. Mi experiencia escolar no fue placentera en lo absoluto. Tuve buenas amistades, me divertí, relajé un monton, pero lo menos que tengo son recuerdos gratos. Para mí, la escuela, particularmente a nivel intermedio y superior, fue un purgatorio. De ese purgatorio me expresaré otro día, si es que lo hago.
     Este escrito es sobre mi primera experiencia ante algo que a veces catalogo como 'sobrenatural.' El amor es de todo menos concreto. Puede manifestarse a través de acciones con consecuencias concretas, pero su esencia es totalmente intangible. El amor es una sensación que genera el cerebro y que afecta todo el sistema anatómico. El amor es un ideal por el cual los valientes dan la vida. Es la creencia que sirve de base para casi todas las religiones. El amor es la musa predilecta de los poetas. El amor es como el Tao... todo y nada a la vez. Para mi el amor fue, y sigue siendo, una pared con la cual choqué una primera vez, de lo que hasta ahora no me he recuperado.
     A finales del primer semestre, hacía lo usual durante el recreo, estar en la cancha jugando o viendo a los demás jugar baloncesto. Todo transcurría como siempre hasta que a lo lejos vi caminar a esta chica. Quizás la había tenido de frente cientos de veces, pero no fue hasta ese día que realmente la ví. La imagen de aquella joven mujer fue lentamente procesada por mi cerebro. Una vez mi conciencia tuvo constancia de lo que observaba, todo mi ser se conmocionó. No digo que con anterioridad no había sentido atracción por una chica, sino que esa fue la primera vez que sentí el infame 'flechazo.' Lo único que sabía de ella era que no era de undécimo grado, así que inferí que cursaba el décimo. Los siguientes días, hasta el fin del semestre, pasaron de forma ritual, yo en la cancha viéndola caminar el mismo sendero a la misma hora. Durante las vacaciones navideñas sólo pensaba en ella, en si debía acercarme o presentarme de algún modo. Las siguientes semanas serían preludio al evento que definiría a la persona que soy hoy en día.
     De regreso en la escuela, el ritual continuó, sólo que con una pequeña variación. Procuraba entonces rondar por los sitios que ella rondaba, todo un stalker en potencia. ¿Cuán difícil es saludar y ofrecer amistad a una chica?, me preguntaría cualquiera. No tanto, creo, pero para mí era como si estuviera a la puerta abierta de un avión y sin paracaídas. Tener nervios no lo explica del todo, eran más que nervios, era puro y genuino pánico. En aquel entonces me resultaba sumamente frustrante el ser incapaz de una acción social tan elemental, pero siendo justo conmigo mismo, no sabía lo que sé de mi ahora.
     Las ansias se tornaron insoportables, así que me decidí dar un paso al frente, lo que ignoraba es hacia dónde me llevaría el mismo. Unos días antes de San Valentín fuí a la escuela determinado a hacer lo que debía hacer. Era ese día o nunca. Había planeado hacer el acercamiento al medio día, en el lugar donde la veía regularmente. Por casualidad o por destino, nada resultó según el plan. Después de la primera hora de clases, me dirigí al salón del próximo curso. En mi lento caminar, cuerpo y mente no estaban sincronizados. Pensaba en lo que iba a decir, en el tono adecuado que debía implementar, simplemente estaba alistándome para no hacer el ridículo. Y justo en ese instante di media vuelta y ella andaba detrás de mí. Todo quedó en blanco, por un segundo sufrí de una parálisis total. Pero reaccioné, sabía que no era el momento, así que le cedí el paso. De pronto, cambié de opinión y la detuve (mente y cuerpo seguían diacrónicos). Ella me miró con suma curiosidad, dudosa, pero con cortesía. Y fue entonces que con palabras y tono que no recuerdo, y que no quiero recordar, le expresé que me tenía impresionado y que me agradaría unos minutos en cualquier otro momento para conversar. Me miró con ojos como pensando 'quién es este pobre diablo' y titubeó un instante. Sin embargo, me dijo que sí, que estaba dispuesta a conversar. De eso modo siguió su camino y yo estaba al borde de una arritmia cardiaca. A pesar que mis sistema estaba desequilibrado, sentí un alivio sin precedentes... sensación que no perduraría mucho, como todo en la existencia.
     No pude tomar las siguientes clases de la mañana, me encontraba fuera de mí. Decidí pasar el resto de la mañana en la cancha para tranquilizarme y reagrupar mis sentidos. Resulta que al rato la chica apareció en los predios, algo que no me esperaba. Me encontraba arrecostado de pie de la base del canasto en el que varios chamacos jugaban al basket. La observé caminar al otro extremo de la cancha y sentarse en el último escalón o nivel de las graderías. Por un momento la ví charlar con un par de chicas sentadas allí, pero en un instante tornó su mirada hacia mí. Mi mundo se detuvo ese preciso instante... el aire dejó de soplar, las nubes dejaron de moverse, incluso, el planeta Tierra dejó de rotar en su propio eje en esa décima del tiempo infinito. Supe fuera de toda duda que aquel era el momento de la verdad. Después de meses de dudas, nervios y de cuestionar toda la creación existente, el momento de darme a conocer y de arriesgarme ante la posibilidad del amor había llegado. Lo único que debía hacer era caminar, sentarme y charlar con ella, como lo harían dos personas comunes y corrientes. La verdad es que me quedé inmovil. Uno puede dudar de todo ya que nada es predecible. Pero dudar de uno mismo es como cortarle las alas a un ave en pleno vuelo. Por un rato me quedé mirándola y ella a mí. Luego, nada. Desvié mi vista y la ignoré por completo. No la volví a ver el resto del año escolar...
     Otro año pasó y me gradué de secundaria sin pena ni gloria. De ser un adolescente obeso, sin confianza en si mismo y con todo el potencial del mundo, pasé a ser, en mis tiempos universitarios, un joven adulto delgado, sin autoestima y con depresión mayor severa recurrente. Muchos factores forman la personalidad, pero siempre está esa experiencia que hace la diferencia entre lo que es y lo que pudo ser. Si la teoría de las dimensiones múltiples es cierta, debe haber otro 'yo' que sí caminó, se sentó y charló con aquella chica. ¿Cómo sería ese otro 'yo'?... eso jamás se sabrá. Por mucho tiempo fuí muy duro conmigo mismo porque lo que fue un momento de duda se convirtió en una tendencia. Ahora sé como un hecho que padezco lo que se llama 'desorden de ansiedad social' o lo que se conoce comúnmente como 'fobia social.' Si sólo hubiera sabido de antemano ese detalle me hubiese ahorrado muchas lamentaciones. Aún hoy, esta condición ha dominado mi vida. Soy preso del miedo, literalmente. Pero de la fobia y sus estragos, escribiré en otra ocasió... si es que lo hago.
     Karl Marx dijo una vez: "Los hombres hacen su propia historia, pero no lo hacen bajo circunstancias que ellos mismos escogen sino bajo circunstancias encontradas, dadas y transformadas del pasado.".... La vida cotidiana nos hace difícil comprender que lo que somos como 'persona' es mucho más que el cúmulo de información obtenida en el hogar y en la escuela. Todo lo que se ve, se escucha y respira es un factor formativo del carácter. Quizás la mente del ser humano sea una tabula rasa al nacer, pero las circunstancias en las que nace y en las que crecerá no lo son. Creo fielmente que la vida es el punto en el que se cruzan el destino y el libre albedrío. Esto significa que nuestras decisiones (libre albedrío) se dan en el contexto de lo que el pasado nos ha dejado en nuestro camino (destino). Quizás estaba dado que conocería a aquella chica en ese preciso momento del espacio/tiempo. Definitivamente estaba destinado para mí que padecería de fobia social desde niño. Y fue mí decisión no actuar en el instante en que se presentó la oportunidad. Siempre he sentido una culpa inmensa por lo que he considerado debilidad de carácter e inmadurez. A pesar que ahora sé que hubo una circunstancia que afectó mi decisión, de todos modos fue mi decisión. Y es algo con lo cual debo aprender a vivir de una vez y por todas. No es suficiente con saber la verdad, los detalles ni los hechos. A veces es necesario algo más para hallar paz. A veces es necesario reconocer que lo que pasó, pasó y no hay vuelta atrás. Que la culpa es el 'yo' de la dimensión de lo que pudo ser y que lo que importa es estar en paz con el 'yo' de la dimensión de lo que es. Asi que por este medio quisiera decirle a la chica sentada en la lejanía esperando por mí... gracias por escucharme y haberme dado la oportunidad de conocerte.

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