Soy más que un simple profeta
que se entrega a una multitud.
Soy más que un mensajero en profanas tierras.
Soy la respuesta que siempre haz buscado tú.
Han dicho que el tiempo se acerca,
urgen a todos mostrar arrepentimiento
por lo descrito en una visión.
Los oradores con carisma se animan,
a sus panfletos se aferran,
con donaciones se avivan,
institucionalizando la colectiva confusión.
Son repugnantes las discusiones sostenidas
que postulan una desvanecida compasión.
La intolerancia se transmuta en levadura,
las interpretaciones se añejan como el vino,
se nombra la trinidad en situación condicionada,
el Padre, el Hijo y la desesperación.
Cuatro paredes crean un convento,
hospitalillos de redención.
Allí se mastica el tabaco de la palabra,
se escupe toda mi enseñanza,
se traga toda la salvación.
Dime cuáles son tus intenciones
cuando te arrodillas frente al Señor...
¿le oras como receta?,
¿le oras por tristeza?
o ¿le oras por impuesta tradición?
¿Le ruegas porque algo te falta?,
¿le ruegas por penitencia
o por enajenada sumisión?
Le oras porque algo te amarga,
que se impone, que te enferma.
Ese algo te llama y te enrreda
con temor y muchas ideas.
Es posible que le ores por inconforme
después de un trago en la noche
con mi sangre embriagando tus reproches.
Y orando te quedas... sin fe, sin fuerza.
De rodillas lloras todas tus quejas,
repitiendo plegarias a medias
que retornan a ti en un eco decepcionado
recordándote que ese credo es tan falso
como tu amor por mí.
Sé que todas las naciones
arrastran sus religiones,
obligando a millones de almas
a humillaciones aceptar.
Sé que muchos han intentado
vivir según lo acordado,
pero han experimentado
una desilusión sin igual.
Por vida propia comprendo
esa sensación tan terrible
de estar sumido en soledad.
La vida es un sendero
con espacio muy estrecho
donde sólo uno puede caminar.
Bienaventurado el que entiende
que sentirse solo no es pecado,
la espera por ese amor ausente
te convierte en iluminado.
Bienaventurado el que piensa
que nada tiene que ser perfecto,
lo que vale es la excelencia
del esfuerzo demostrado.
Que sea bienaventurado
el que no acepta engaños
y hace reales sus sueños
con esperanzas, con sus manos.
Al lado tuyo tienes creencias
que te han obsesionado con un porvenir.
Obvias los valores que forman hombres
al pensar sólo en ti.
Confías en mis respuestas
aunque no haces caso a consejos.
Yo soy cimiento de la mente,
columna matriz.
Todo aquel que genuinamente busca
merece mis palabras oir.
Bendigo al incansable
lleno de deseos por andar
y al que tildan de loco
por no quererse conformar.
Soy reflejo de lo que puedes llegar a ser.
Muy desafortunado es que prefieras
enmascararte y languidecer.
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