Una luz de significado en la oscuridad del mero existir.

"As far as we can discern, the sole purpose of human existence is to kindle a light of meaning in the darkness of mere being." - C.G. Jung

sábado, 18 de junio de 2011

Serial Killer in Development #1

El corazón de esta ciudad es tan duro como el concreto que soporta el peso del exasperante
tráfico del medio día. El bumper sticker del carro enfrente que dice 'Cristo te ama' me resulta
tan irrelevante como la calcomanía del 'USA Army' del auto que se posa a mi izquierda.
Me canso de escuchar el análisis político del día... apago el radio. No sé por qué insisto en oir
o leer las noticias cuando sólo me causan stress estomacal y tensión en las sienes. Justo
cuando el malestar se disipa, el conductor a mi derecha sube el volumen de su música.
Maldito reggaeton... Maldito vómito sonoro que sólo la atorrancia puede denominarla música.
Siento náusea por el humo que emite un camión no muy lejos. Logro adelantar y salir del
embotellamiento. No hay razón para el dichoso tapón. No hay semáforo averiado ni choque
de auto alguno atrasando el flujo vehicular. Somos demasiados en tan poco espacio. Somos
hormigas inquietas en una granja de acrílico. Quiero llegar a casa y darme un baño. Quiero
quitarme la suciedad de la calle y el olor a CO-2. Apestamos a conformidad y sudamos
frustración. En el último semáforo, antes de llegar a casa, hay un deambulante pidiendo
dinero. Algunos le dan monedas, otros no. Cuando se me acerca, lo miro directo a los ojos...
no me pide nada. No siento la mínima empatía. Me da más pena el recuerdo del cadaver de
un perro que vi ayer. Golpeo el volante con coraje. ¿Por qué me apena más un perro que
un vagabundo? Lo justifico diciéndome que un drogadicto está en su predicamento por
opción y que un perro realengo lo está por negligencia humana. Es una mera justificación,
pero me hace sentir mejor. Otro placebo filosófico para apaciguar mi ansiedad patológica.
Ya en casa, cierro puertas y ventanas. No quiero sentir el exterior por una o dos horas.
No hay nada que sentir de afuera ya que no hay nada que sentir adentro. Mis pensamientos
están tan embotellados como el tráfico del que acabo de salir. Suspiro alivio porque me
percato que nadie sabe. Nadie sabe... Saco del armario la bolsa que puse allí la semana
pasada. El olor a sangre coagulada es evidente, pero no importa... no hay quien vea.
Nadie sabe. Decido enterrar la bolsa con su contenido. Podría tirarla al safacón ya que
nadie sabe. Es sólo ropa ensangrentada. Pero no... decido enterrarla como si enterrara
a mi antiguo ser. Estoy conciente que fue un acto de furia descontrolada... miedo
transmutado en ira. Liberé tanto peso esa noche ... fue iluminador. Nadie sabe.
Nadie sabrá. Estamos donde estamos por opción. Tengo mucho peso por liberar.
Demonios por exorcizar. Maldad por castigar. En este pandemonio que llamamos mundo,
la insanidad es lo único que tiene sentido. Los demás insectos de la granja están muy
ocupados con su ilusión de la normalidad. Yo elijo la insanidad en toda su meticulosidad.
Ya enterrada mi ropa sangrienta, mis pensamientos fluyen en un río de agua cristalina.
En la calle, en el tráfico no soy nada... aquí soy puro potencial. La próxima vez no habrá
ira... la próxima vez... Nadie sabe. Nadie sabrá.

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