Todo lo que me define,
tanto el defecto como la virtud,
se centran en un punto medio
de valor calculable con exactitud.
A veces todo gira con lentitud
y el caos se extiende con amplitud,
pero se impone la armonía
cuando veo que mi centro eres tú.
Las ideologías que en mi residen,
la angustia que me deja vivir,
la melancolía que me tiene motivado,
todo gira en torno a ti.
Y todo guarda cierta correlación,
en importancia todo tiene su proporción,
en mi física la ley de mayor magnitud
es que mi centro eres tu.
Para razonar la explicación
hay que saber amar.
Para demostrar tal conclusión
al cerebro hay que abandonar.
No hay mucho que entender ...
Todo lo que en mí sobrevive,
desde el júbilo a la aflicción,
responde a un postulado simple
que ganará un Nobel con prontitud.
A veces todo gira con lentitud
y el caos se expande con amplitud,
pero se impone la armonía
cuando veo que mi centro eres tú.
Y mi cabeza pide la comprensión
de tan asombrosa deducción,
pero no hay que ser gran conocedor
para saber que el centro de todo eres tú.
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