Se cierran las puertas del templo,
solo un hermano no pudo entrar.
Mientras los feligreses entonan alabanzas
que del resto del mundo los enajenaran.
Con texto sagrado en mano
se le han paralizado los pies,
su temple luce desmotivado
y comienza a retroceder.
Un rezo escapa de su boca,
se escucha la armonia del coro,
las oraciones que le brindaban paz una vez
no surtian efecto del todo.
Asume el acoso del enemigo
y se aferra a su salvada alma,
pero el acoso es de su sugerido credo
que se derrumba ante una llamada.
Y dice el Se~or ...
Trata al projimo como a tu igual.
Desapegate de lo material
que es la causa del sufrir individual.
Y dice el Se~or ...
No busques reinos en el exterior.
No confies en palabras de cualquier orador
ya que las palabras como el polvo son.
El elegido predica su propia palabra,
los asistentes regeneran su fe,
el hermano es rodeado por aires extra~os
que aun no alcanza a comprender.
Fue un resplandor el que le hablo
y le revelo el desconocido saber.
Tal y como le sucedio a Pablo,
una voz transformo su ser.
"Por que me persigues?
Por que no te reconoces de una vez?
Buscas lo mismo que todo hombre,
pero no sabes entre lineas leer."
Y dice el Se~or ...
No leas literatura de la antiguedad,
no seas discipulo de ninguna divinidad
si su mensaje en practica no pondras.
Y dice el Se~or ...
No enga~es a tu corazon.
No ignores a tu razon,
porque no eres uno si no tienes los dos.
Y esa misma voz
susurro en mi oido ...
"Como pretendes creer en mi
si no crees ni en ti mismo?"
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