Muy duro es decir adios,
tan punzante como un filo.
Porque es el aceptar
algo que es muy temido.
Ya sea por un destino sin suerte
o por errores que no desvanecen,
no queda mas remedio
que decirlo y seguir.
Hay momentos para un adios
como la muerte de un ser querido,
postrado este en cama
o fulminado en el segundo menos preciso.
Por un lado la espera es lo que duele
ya que la preparacion no es suficiente,
y por el otro la sorpresa es la que da~a
ya que todo lucia bien en la ma~ana.
Decirle adios en el entierro.
Decirle adios al que esta agonizando.
Decirlo duele igual en ambos casos,
mas cuando la muerte propia va acechando.
Decir adios con palabras
o decirlo con abrazos,
mas vale decirlo
porque si no hay que tragarlo.
Y si se traga se pudre el vientre,
es el toxico de mayor concentrado.
Te hablo del remordimiento
cuando las cosas no se arreglaron
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