¿Qué sería usted hoy si no hubiera estado preso en los Lager (campos de concentración)?
¿Qué siente cuando recuerda esa época? ¿A qué atribuye el haber sobrevivido?
Rigurosamente hablando, no sé ni puedo saber qué sería yo hoy si no hubiese estado en los
Lager: ningún hombre conoce su futuro, y aquí se trataría justamente de describir un futuro
que no tuvo lugar. Tiene cierto significado el intentar hacer previsiones (siempre groseras,
por otra parte) sobre el comportamiento de una población, pero en cambio es extremadamente
difícil, o imposible, prever el comportamiento de un individuo, aun en una escala de días.
Del mismo modo, el físico sabe pronosticar con gran exactitud el tiempo que tardará un gramo
de radio en reducir a la mitad su radiactividad, pero de ninguna manera es capaz de decir
cuándo se desintegrará un átomo particular de ese gramo de radio. Si un hombre camina
hacia una bifurcación del camino y no coge a la izquierda, es obvio que cogerá a la derecha;
pero nuestras elecciones casi nunca son entre dos alternativas: luego, a cada elección
suceden otras, todas múltiples, y así al infinito; finalmente, nuestro futuro depende mucho
de factores externos, del todo ajenos a nuestras elecciones deliberadas, y de factores
internos, pero de lo que no somos conscientes. Por estas notorias razones no conocemos
nuestro porvenir ni el de nuestro prójimo; por las mismas razones nadie puede decir cuál
habría sido su pasado >.
Una afirmación, sin embargo, puedo formular, y es ésta: si no hubiera vivido la temporada
de Auschwitz, es probable que nunca hubiera escrito nada. No habría tenido motivo, incentivo
para hacerlo: fui estudiante mediocre de italiano y pobre de historia, más me interesaban la
física y la química, y además había elegido un oficio, el de químico, que nada tenía en común
con el mundo de la palabra escrita. Fue la experiencia del Lager lo que me obligo a escribir:
no tuve que luchar contra la pereza, los problemas de estilo me parecían ridículos, encontré
milagrosamente tiempo para escribirsin jamás robar una hora a mi oficio cotidiano:
me parecía tener este libro entero en la mente, sólo tenía que dejarlo salir y que descendiera
al papel.
Ahora han pasado muchos años: el libro ha tenido muchas aventuras y se ha curiosamente
interpuesto, como una memoria artificial, pero también como una barrera defensiva, entre mi tan
normal presente y mi feroz pasado de Auschwitz. Lo digo con cierta vacilación, porque no quiero
parecer cínico: rcordar los Lager hoy no me provoca ninguna emoción violenta ni dolorosa.
Al contrario: a mi experiencia breve y trágica de deportado se ha superpuesto esa otra mucho
más larga y compleja de escritor-testigo, y la suma es claramente positiva; globalmente, este
pasado me ha hecho más rico y seguro. Una amiga mía, que muy joven había sido deportada
al Lager para mujeres de Ravensbrück, dice que el campo fue su universidad: creo poder
afirmar lo mismo, es decir que viviendo y luego escribiendo y meditando acerca de aquellos
hechos, he aprendido muchas cosas sobre los hombres y el mundo.
Tengo que precisar de inmediato que este éxito positivo fue suerte de muy pocos: de los
deportados italianos, por ejemplo, sólo el cinco por ciento pudo regresar y, de ellos, muchos
perdieron la familia, los amigos, los bienes, la salud, el equilibrio, la juventud. El hecho de
haber sobrevivido y de haber vuelto indemne se debe en mi opinión a que tuve suerte. En muy
pequeña medida jugron los factores preexistentes, como mi entrenamiento para la vida en la
montaña y mi oficio de químico, que me acarreó algún privilegio durante mis últimos meses
de prisión. Quizás también me haya ayudado mi interés, que nunca flaqueó, por el ánimo
humano y la voluntad no sólo de sobrevivir (común a todos), sino de sobrevivir con el fin
preciso de relatar las cosas a las que habíamos asistido y que habíamos soportado.
Y finalmente quizás haya desempeñado un papel también la voluntad, que conservé tenazmente,
de reconocer siempre, aun en los días más negros, tanto en mis camaradas como en mí mismo,
a hombres y no a cosas, sustrayéndome de esa manera a aquella total humillación y
desmoralización que condujo a muchos al naufragio espiritual.
Libro: "Si esto es un hombre."
Autor: Primo Levi
No hay comentarios:
Publicar un comentario