He esperado cien vidas para mirarte.
He transmigrado por ti una eternidad.
He adorado a cuanto dios me promete
que sus bendiciones sobre ti concederá.
No mato porque esté escrito en piedra.
No robo por respetar una ley mortal.
No adultero por un mandato vacío.
No miento porque no existe una verdad.
Y el día en que te deje ir seré libre.
Y el día en que te olvide todo mejorará.
Pero si hay un mandamiento que obedezco
es el que dice que te debo amar.
Tú que vives en exilio voluntario.
Tú que eres lo que temo y no dejo de desear.
Cuando deje mi último sueÑo frente a tu puerta,
yo seré en ti y tu en mi desaparecerás.
Y al instante de renunciar a ti me sentiré vivo.
Cuando mis ojos te digan que es el final.
Ante todo persiste un mandamiento,
el que me dice que te debo amar.

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