Entre cuatro paredes y un silencio habitual,
mi vida se marchita al conteo de un reloj.
El sol ya no alumbra mis días,
una noche sin estrellas es mi corazón.
En el precipicio se cambia...
En el precipicio se cambia...
Inhalo esperanza, suspiro desconcuelo.
Mi espejo refleja eso que más detesto.
Mi espíritu amputado en mi mutilado cuerpo
ya se ha resignado a un próximo nacimiento.
En el precipicio se cambia...
En el precipicio se cambia...
Confinado a cuatro paredes en penitencia,
a la espera que el reloj de arena llegue a su final.
No hay tal cosa como el amor, la fe es pura ilusión,
estoy a dos minutos de la medianoche.
En el precipicio se cambia...
En el precipicio se cambia...
En el precipicio se cambia o se brinca.

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